Cuéntame un gol

Cuentos de fútbol

Archivar para el mes “noviembre, 2013”

Reseña (Ismael Cabeza)

Me enamoré del fútbol tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia traería consigo. Nick Hornby.

No recuerdo cuándo supe por primer vez de la existencia de este libro. Siempre me ha gustado el fútbol, pero con el paso de los años he ido adquiriendo también interés no sólo por el deporte en sí sino también por sus historias curiosas.

Mi novia me regaló este libro a sabiendas de que me gustaría. Y acertó de pleno. Nick Hornby es un escritor británico apasionado por el fútbol. En este libro narra sus vivencias como hincha acérrimo del Arsenal londinense, mezcladas con aspectos de su biografía. Abarca un periodo de más de veinte años (1968-1992) en los que Hornby vivió el fútbol con una intensidad que le marcó el resto de su vida.

Fiebre en las gradas (Nick Hornby, 1993, Anagrama).

Fiebre en las gradas (Nick Hornby, 1993, Anagrama).

Hornby es conocido internacionalmente no sólo por este libro. Cosechó mucho éxito con la novela Alta Fidelidad, llevada al cine de forma magistral por Stephen Frears en el año 2000, con John Cusack, Jack Black y Tim Robbins como protagonistas. A principios de julio escribí un artículo en el que hablaba sobre dicha película.

Volviendo al libro que nos ocupa, la sinopsis del mismo servirá como un buen resumen del mismo:

Éste es el relato autobiográfico de la tumultuosa relación del autor con el fútbol y con su equipo, el Arsenal londinense. Con un entusiasmo contagioso y su característica ironía, Hornby nos cuenta lo que ocurre cuando uno deja que el fútbol dé contenido a unos cuantos huecos que deberían haber estado ocupados por otras cuestiones. Este adicto al fútbol rechaza invitaciones a bodas porque ese día el Arsenal juega en casa, o asocia su primera gran ruptura amorosa a la pérdida de un jugador emblemático. Hornby se interroga aquí sobre la esencia de esta obsesión y describe con humor en qué consiste verdaderamente ser hincha de un equipo.Fiebre en las gradas es también una lúcida radiografía de los entresijos deportivos y sociales de este deporte y termina convirtiéndose en una sentida declaración de devoción y lealtad a un deporte, a un club y, sobre todo, a la comunidad de sufridos seguidores que conforman su verdadera esencia.
Cuando leí este libro, la sensación que experimenté fue la de sentirme reflejado en algunos aspectos. No he llegado jamás a los extremos a los que Hornby llegó en su pasión por el Arsenal, pero es verdad que a ciertas edades todo parece ser vital, todo se vive como si fuera algo definitivo en nuestras vidas. El Arsenal, para Hornby, llegó a estar por encima de todo, hasta el punto de condicionar su vida personal. En una entrevista al autor emitida en el programa Página 2, declaró que sigue acudiendo al Emirates Stadium, Highbury de toda la vida, le sigue gustando el fútbol pero que se lo toma con mucha más calma que antaño. Cosas de la edad.

Creo que este libro no sólo gustará a los aficionados al fútbol. Hornby se pregunta por el origen y la esencia de su obsesión por el Arsenal y maneja el sentido del humor a la perfección para no caer en el viejo tópico de los libros de fútbol al uso. Insisto, no es un libro sólo de fútbol, es una biografía de unos años difíciles para un joven, en el que el fútbol se convirtió en su válvula de escape frente a una vida que apenas empezaba a cobrar sentido para él.

Un libro muy recomendable, muy bien escrito y con el que disfruté aunando dos de mis grandes aficiones, el fútbol y la literatura.

Fuente: Escritos de un hereje

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Fútbol, una religión en busca de un dios

Fútbol. Una religión en busca de un dios (M. Vázquez Montalbán, editorial De bolsillo)

Fútbol. Una religión en busca de un dios (M. Vázquez Montalbán, editorial De bolsillo)

“Manuel fue un visionario, de los pocos intelectuales que se dio cuenta hace 30 años de la energía social que en el futuro tendrían 22 hombres corriendo en calzoncillos por un campo de fútbol”, le definió Valdano.

El libro, editado por Daniel Vázquez Sallés, hijo del escritor y acérrimo seguidor del Barcelona, es un compendio de los artículos que hace cuatro décadas -el primero en 1969 y el último en julio de 2003- comenzó a publicar Montalbán en la revista Triunfo. El ensayo arranca motores con un texto inédito del creador del detective Pepe Carvalho, donde expone la evolución del deporte que Montalbán jugaba en las calles del Barrio Chino. Un deporte que, con el paso de los años, se convierte “en una nueva religión laica organizada para beneficio de las multinacionales y las televisiones”. Sus reflexiones sobre la esencia del Barcelona -“el ejército desarmado”-, su rivalidad con el Real Madrid y sus pensamientos acerca de otros protagonistas del mundo de la pelota, como Jesús Gil o Silvio Berlusconi, completan “el mejor libro sobre fútbol escrito en España”, según los presentadores.

FUENTE: Librerias deportivas Esteban Sanz S.L.

http://www.libreriadeportiva.com/editorial/debolsillo/2216/

El juramento

Foto de José Lara.
Fuente:
commons.wikimedia.org

Y entonces resolví asistir al estadio. Como era un encuentro más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado. Alfonso y Germán no tomaron nunca la iniciativa de convertirme a esa religión dominical del fútbol, con todo y que ellos debieron sospechar que alguna vez me iba a convertir en ese energúmeno, limpio de cualquier barniz que pueda ser considerado como el último rastro de civilización, que fui ayer en las graderías del municipal. El primer instante de lucidez en que caí en la cuenta de que estaba convertido en un hincha intempestivo, fue cuando advertí que durante toda mi vida había tenido algo de que muchas veces me había ufanado y que ayer me estorbaba de una manera inaceptable: el sentido del ridículo. Ahora me explico por qué esos caballeros habitualmente tan almidonados, se sienten como un calamar en su tinta cuando se colocan, con todas las de la ley, su gorrita a varios colores.

Es que con ese solo gesto, quedan automáticamente convertidos en otras personas, como si la gorrita no fuera sino el uniforme de una nueva personalidad. No sé si mi matrícula de hincha esté todavía demasiado fresca para permitirme ciertas observaciones personales acerca del partido de ayer, pero como ya hemos quedado de acuerdo en que una de las condiciones esenciales del hinchaje es la pérdida absoluta y aceptada del sentido del ridículo, voy a decir lo que vi –o lo que creí ver ayer tarde– para darme el lujo de empezar bien temprano a meter esas patas deportivas que bien guardadas me tenía. En primer término, me pareció que el Junior dominó a Millonarios desde el primer momento. Si la línea blanca que divide la cancha en dos mitades significa algo, mi afirmación anterior es cierta, puesto que muy pocas veces pudo estar la bola, en el primer tiempo, dentro de la mitad correspondiente a la portería del Junior. (¿Qué tal va mi debut como comentarista de fútbol?).

“ No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago –públicamente– a la santa hermandad de los hinchas. “

Por otra parte, si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas. Su sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía. Haroldo, por su parte, habría sido una especie de Marcelino Menéndez y Pelayo, con esa facilidad que tiene el brasileño para estar en todas partes a la vez y en todas ellas trabajando, atendiendo simultáneamente a once señores, como si de lo que se tratara no fuera de colocar un gol sino de escribir todos los mamotretos que don Marcelino escribiera. Berascochea habría sido, ni más ni menos, un autor fecundo, pero así hubiera escrito setecientos tomos, todos ellos habrían sido acerca de la importancia de las cabezas de alfiler. Y qué gran crítico de artes habría sido Dos Santos –que ayer se portó como cuatro– cortándole el paso a todos los escribidorcillos que pretendieran llegar, así fuera con los mayores esfuerzos, a la portería de la inmortalidad. De Latour habría escrito versos. Inspirados poemas de largometraje, cosa que no podría decirse de Ary. Porque de Ary no puede decirse nada, ya que sus compañeros del Junior no le dieron oportunidad de demostrar al menos sus más modestas condiciones literarias.

Y esto por no entrar con los Millonarios, cuyo gran Di Stéfano, si de algo sabe, es de retórica.

No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago –públicamente– a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien. Y creo que va a ser a mi distinguido amigo, el doctor Adalberto Reyes, a quien voy a convidar a las graderías del Municipal en el primer partido de la segunda vuelta, con el propósito de que no siga siendo –desde el punto de vista deportivo– la oveja descarriada.

Gabriel García Márquez

Dios es redondo

Dios es redondo (Juan Villoro, Anagrama)

Dios es redondo (Juan Villoro, Anagrama)

Sergi Pàmies ha descrito a Juan Villoro como «un crack de la literatura futbolística mundial». Dios es redondo ofrece una vibrante crónica de la religión laica que llena los estadios. La divertida y a menudo épica aproximación de Villoro puede cautivar al forofo deseoso de compartir datos reveladores en una tertulia, pero también al curioso –y aun al enemigo del fútbol– interesado en conocer las causas que llevan a proferir alaridos en nombre de un equipo. Enviado especial a los mundiales de Italia 90 y Francia 98, Villoro domina el arte de escribir al borde de la cancha, pero también el tono reflexivo. Así, Dios es redondo rinde tributo al más colorido de los divos del pie privilegiado, Diego Armando Maradona, registra las glorias y los excesos de la liga española, ofrece indelebles estampas del último Mundial del siglo XX y brinda un notable ejemplo del arte de la conversación con Jorge Valdano. El pulso del novelista entronca en estas páginas con el ritmo tenso del cronista, dispuesto a atrapar la vida secreta de los goles, las razones que eternizan lo que ocurre en un instante.

Fuente: Editorial Anagrama.

Valdano y el canon albiceleste (Maica Rivera)

Cuentos de fútbol (Alfaguara, 1995)

Cuentos de fútbol (Alfaguara, 1995)

Dejó escrito Vázquez Montalbán en las irónicas e inteligentes reflexiones aunadas en ‘Fútbol. Una religión en busca de un Dios’, que “gracias a los argentinos, el fútbol tiene Literatura y Filosofía, aunque a veces obtengan la colaboración de grandes escritores uruguayos como Benedetti o Galeano”. En este sentido, elogió los ‘Cuentos de fútbol’ (Alfaguara, 1995) publicados en España por Jorge Valdano contando con “autores de envergadura”, entre los que quiso mencionar a Bernardo Atxaga, Javier Marías, Bryce Echenique, Miguel Delibes, Eduardo Galeano, Augusto Roa Bastos, Mario Benedetti, Juan García Hortelano y Osvaldo Soriano, “por citar unas cuantas flores de un ramillete de Literatura con mayúscula”, y de cuya lectura dedujo que el fútbol había desempeñado una función importante en la educación sentimental de escritores latinoamericanos y españoles, pero que eran los latinoamericanos quienes más lejos habían llevado la relación fútbol-literatura”.

Director general del Real Madrid y encarnación más popular en España de lo dicho por Vázquez Montalbán de los argentinos como adaptadores del fútbol al territorio literario, Valdano explica que aquél fue un proyecto editorial de “éxito inesperado. Parecía extravagante la temática en aquel entonces, no había muchos escritores que hubieran puesto el fútbol en el centro de su reflexión y la mayor parte de los relatos fueron realizados por encargo. A aquel libro le siguieron los ‘Cuentos de fútbol 2’ (Alfaguara, 1998) con aportaciones como la de Francisco Umbral con ‘El saque de Cela”.

Valdano considera que fue precisamente Vázquez Montalbán “el primer escritor español que ayudó a eliminar los prejuicios entre el mundo literario y el del esférico, así como Juan Villoro lo hizo en México, Roberto Fontanarrosa en Argentina o Mario Benedetti en Uruguay. Él escribió unos artículos maravillosos en la revista ‘Triunfo’, cuando yo los leí al llegar a España el fútbol empezó a revelar para mí otra profundidad”.

Valdano confirma la incompatibilidad de caracteres demostrada tradicionalmente entre letras y balompié. “La misma desconfianza que el intelectual manifestaba antes hacia el mundo del fútbol la mostraba recíprocamente el mundo del fútbol hacia los intelectuales. Era dos universos rivales que se daban claramente la espalda”, como demuestra una reveladora anécdota de sus tiempos de jugador, cuando “un entrenador me prohibía leer en las concentraciones porque reía que eso me distraía. Durante siglos hicimos todo lo posible para ir alejándonos del ideal griego que intentaba armonizar cuerpo y mente”.

La dinámica que provocaba que escribir sobre el tema futbolístico sonara extraño y vergonzante “se empezó a romper”, asegura Valdano, “a finales del siglo pasado, y hoy, sin embargo, este hecho resulta más normal”, hasta el punto de que tal vez se corra ahora el riesgo contrario: el de una excesiva ‘intelectualización’ a través de las literaturas del balompié en un proceso que iría en contra de “la naturaleza emotiva del deporte en sí”.

Sobre los intelectuales que han desafiado abiertamente al fútbol, Valdano declara: “Tengo un libro dedicado por Gabriel García Márquez en el que me agradece un gol que marqué a Colombia porque contribuyó a la eliminación de la selección colombiana del Mundial de México, ya que entendía que su clasificación hubiese supuesto que lo hubiesen agobiado con un exceso de información futbolística”. Y, por supuesto, menciona a su compatriota Borges, quien “nunca entendió cómo una sociedad que había empezado jugando al ajedrez había terminado jugando al fútbol: lo veía como un claro signo de decadencia social”, y que encarnó como nadie el clásico desafío intelectual al fútbol con iniciativas como la de “organizar una conferencia sobre la inmortalidad a la misma hora que tenía lugar el debut argentino en el Mundial del 78”.

“Escribir ficción sobre fútbol”, concluye Valdano con un último apunte que parece precisamente un guiño a Borges, “es meter un juego en otro juego y eso presenta muchas dificultades: el fútbol es un misterio y resulta muy complejo recrearlo verdaderamente como tal sobre el papel”.

Maica Rivera. Revista ‘Leer’, nº 213, junio 2010
www.revistaleer.com
 
FUENTE DEL ARTÍCULO:
http://www.eltoledo.com/
LUIS CARDEÑA GALVEZ

Memorias del míster Peregrino Fernández y otros relatos de fútbol

Memorias del míster Peregrino Fernández y otros relatos de fútbol, OSLVADO SORIANO (Mondadori, 2002)

Memorias del míster Peregrino Fernández y otros relatos de fútbol, OSLVADO SORIANO (Mondadori, 2002)

Como una pasión perpetua, el fútbol atraviesa de comienzo a fin la obra de Osvaldo Soriano. Desde los retratos de Obdulio Varela, Mercedes Negrette o Santiago Lazzatti, hasta ese personaje que nació siendo legendario, el Mister Peregrino Fernández, sus páginas testimonian ese amor desde todos los ángulos imaginables. Porque es Soriano el fútbol es todo lo que sucede en una cancha y también lo que siguiendo su eco, se hilvana fuera de ella. No es raro entonces que lo encontremos cruzándose con el delirio, el fascismo y los últimos relámpagos de la herencia criminal, como en los relatos que protagoniza William Brett Cassidy; que alcance la perfección con El penal más largo del mundo, o que atraviese la historia de este siglo para construir esa saga memorable, épica y cómica que son las Memorias del Mister Peregrino Fernández. En definitiva, este libro nos demuestra que el matrimonio ideal entre la literatura y el fútbol es absolutamente posible. Tramado con ironía, ternura y una tenue tristeza, entre sus palabras se respira una nostalgia anticipada: la nostalgía por aquello que aún no se ha perdido, pero que por su belleza es imposible imaginar eterno. Y como siempre en el mejor Soriano, este mundo nos llega en su forma más pura y anhelada: la emoción.

Fuente de texto: prometeolibros.com

La suela de mis zapatos

La suela de mis zapatos, Gonzalo Suárez (Seix Barral, 2006)

La suela de mis zapatos, Gonzalo Suárez (Seix Barral, 2006)

La suela de mis zapatos recoge las crónicas, reportajes y entrevistas que Gonzalo Suárez publicó bajo el seudónimo de Martín Girard durante la primera mitad de la década de los sesenta en La Vanguardia, en el semanario Dicen, en La Gaceta Ilustrada y, sobre todo, en El Noticiero Universal. Precursor del llamado Nuevo Periodismo, Gonzalo Suárez merodeó durante años por Barcelona con una insolencia sutil, un fino sentido del humor y una lucidísima visión de la realidad.

En palabras de Eduardo Mendoza: «Leídas hoy estas crónicas son sensacionales. En ellas muchas cosas están todavía cerca, aunque no se las mencione: la guerra, el exilio, el hambre, la represión; pero también el surrealismo, el casticismo y una forma de usar el lenguaje más expresiva y vivaz, (…) leyendo estas crónicas y estas entrevistas se adquiere una visión clara de una sociedad que había llegado a un equilibrio tácito entre la libertad y la censura, siempre al borde del abismo.

Aquí el lector se encontrará con la faceta periodística de este individuo polifacético y singular. Quienes recuerden la época en que, por así decir, transcurre la acción, no recordarán, sino que revivirán aquellos tiempos y los verán con otros ojos. Los que tuvieron la suerte de ahorrárselos, podrán aprender muchas cosas. (…) Aquí, el resultado es sabio, porque no se trata de una recopilación académica, sino de ofrecer el retrato vivo de un tiempo y su gente, vistos por el periodista genial que era Martín Girard.» 

Fuente: Seix Barral

Salvajes y sentimentales

Salvajes y sentimentales, Javier Marías (Aguilar, 2000)

Salvajes y sentimentales, Javier Marías (Aguilar, 2000)

En el prólogo a Salvajes y sentimentales, Paul Ingendaay opina con acierto que Javier Marías ha escrito el más personal de sus libros. No podía ser de otro modo para alguien que ve el fútbol como “la recuperación semanal de la infancia”. Salvajes y sentimentales reúne 40 momentos de militancia futbolística en los que no priva otra objetividad que la pasión. En esta vibrante bitácora, los diagramas tácticos de los entrenadores resultarían tan absurdos como un plano para anudarse la corbata. Marías no pretende analizar una actividad que mucho tiene de milagro: “Mientras veía el partido no era capaz de ecuanimidad alguna”. Si los técnicos de vocación retórica (Menotti, Helenio Herrera) sueltan abstractos filosofemas sobre los modos de patear balones, los escritores curtidos en las canchas y en las tribunas ven el fútbol como una lección de vida cotidiana. De acuerdo con Bioy Casares, la mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad es ser hincha de un club perdedor. Cada equipo conlleva un destino: los masoquistas de látigo afilado escogen escuadras que en los malos días sólo pierden 7 a 0 y los que desean domingos fáciles apoyan oncenas de rutinario poderío. Forofo del Real Madrid, Marías registra sus días de corazón tan blanco y la peculiar noción de triunfo de una tribu que ha hecho de la victoria una sufrida obligación. Aunque también se ocupa de dos mundiales y del Numancia, equipo entrañable, semiperdido en el silencio y el frío de Soria, Salvajes y sentimentales pone énfasis en el temple madridista y la terrible y apasionada condena de ganar siempre y, de preferencias, contra el demonio vestido de blaugrana. La pieza maestra de este prontuario del fervor futbolístico, El equipo más dramático, rinde homenaje al archivillano que nutre la furia merengue: “Para el aficionado español al fútbol, nada hay comparable a ver saltar a los dos equipos, siempre con sus primeros uniformes, a Chamartín o al Camp Nou; y en cuanto el balón se pone en juego, tenerle pavor al otro cada vez que avanza, y sentir a los contrarios peligrosos y malvados, y disfrutar también con ese miedo, con la amenaza de la humillación y el desastre, tanto como con la promesa de triunfos inolvidables. Qué sería de nosotros sin ese castigo y ese premio posibles, sin esa horrible incertidumbre. Así pues, y lo digo de veras porque lo digo con puerilidad y egoísmo: larga, larga, larga vida al Barça”. ¡Pocas cosas tan difíciles como merecer un enemigo emocionante y duradero! En su vertiente de cronista, Marías escribe las frases cadenciosas que componen el tejido musical de sus novelas, pero de protno inventa una pausa, amaga un lance, da con una salida imprevista. Aunque por azar también lo sea en la vida, desde el punto de vista futbolístico es definitivamente zurdo. Su estilo es el de esos jugadores que corren en el último rincón del campo, los hombres salidos del espejo que lanzan tiros al revés que muchas veces son goles. El sistema de consonancias del novelista de Todas las almas cede un poco a la improvisación y al gusto por el vértigo de los desaforados que hacen equilibrio en la línea de cal. En este juego no valen los obreros zurdos; a los virtuosos del pie izquierdo se les exige el pase inopinado, la centella rápida y torcida. Fiel a este código, Marías desdeña las jugadas fáciles y sólo acepta las difíciles; adormece el balón, cuida la frase, y cuando encuentra el hueco, suelta el epigrama sorpresivo: “El Madrid hace tiempo que no es un equipo ingenuo, y por ello no merece ser destacado”, “una fuerza de choque semiaérea, cuando es justamente en el semiaire donde no sólo no se ganan, sino que ni siquiera se libran batallas”, “un sujeto con perilla es un villano o como mucho un psiquiatra”.
En 1998, cuando una portería del Santiago Bernabéu se vino abajo, Jorge Valdano propuso que el partido continuara marcando la meta con ropas, como en el patio del colegio. De nueva cuenta, reveló el sentido secreto del fútbol: la posibilidad de infancia que entraña a pesar de todas las manipulaciones de que es objeto.
“Tenemos de genios lo que conservamos de niños”, escribe Baudelaire. Salvajes y sentimentales vuelve a la edad donde los heróes son posibles. Un libro épico y, en el más alto de los sentidos, infantil. El caprichoso prodigio de un jugador zurdo.

FUENTE: JUAN VILLORO (EL PAIS, BABELIA 8 DE JULIO DE 2000)

 

La barrera

Un paso más atrás. Dos más atrás. Tres. Ahí está bien. Ya está la barrera formada. Una baldosa más acá. Un momento. Ante todo, sacar las cosas del arco. Hay botellas debajo de la pileta. Ya la otra vez cagó una. Y dos sifones. El blindado no es nada, pero el otro puede reventar, y los sifones revientan y los pedacitos de vidrio saltan y se meten en los ojos de uno. Bien juntas las macetas de la barrera. El arquero muy nervioso. Miguel Tornino frente al balón. Atención. El rubio Miguel Tornino frente al balón. Una mano en la cintura. La otra también. La mano sacándose el pelo de la frente. La transpiración de la frente. De los ojos. Hay silencio en el estadio. Es la siesta. Hasta el Negro se ha quedado quieto. Resignado a ser simple espectador de ese tiro libre de carácter directo que ya tiene como seguro ejecutor a Miguel Tornino, que estudia con los ojos entrecerrados el ángulo de tiro, el hueco que le deja la barrera, la luz que atisba entre la pierna derecha del recio mediovolante de la visita y la pata de portland de la maceta grandota del culantrillo. Un solo grito en el estadio: Miguel, Miguel. El público de pie ante ésta, la última oportunidad del Racing Club cuando sólo faltan dos minutos para que finalice el match. Habrá que apurarse antes de que vuelva a adelantarse la barrera o el Negro insista en morder la pelota y hacerla cagar como el otro día que la pinchó el muy boludo. Sonó el silbato. Habrá que pegarle de chanfle interno. La cara interna del pie diestro de Miguel Tornino, el pibe de las inferiores debutante hoy le dará al balón casi de costado, tal vez de abajo, con no mucha fuerza pero sí con satánica precisión para que ese fulbo describa una rara comba sobre la cabeza de los asombrados defensores, sobre el despeinado pirincho del helecho de la segunda maceta y se cuele entre el travesaño, el poste, el postrer manotazo de la lata de aceite Cocinero que se ha lucido hasta el momento. ¡Tiró Tornino…! y… se hizo mimbre en el aire el arquero ante el latigazo insólito de curva inesperada y con la punta de los dos dedos allá voló la lata a la mierda, carajo que ladra el Negro, sí mamá… sí la guardo… está bien… pero mirá vos cómo la viene a sacar este guacho.

Roberto el Negro Fontanarrosa (1944-2007).

Fiebre en las gradas

Fiebre en las gradas

Fiebre en las gradas (Nick Hornby, Anagrama).

Éste es el relato autobiográfico de la tumultuosa relación del autor con el fútbol y con su equipo, el Arsenal londinense. Con un entusiasmo contagioso y su característica ironía, Hornby nos cuenta lo que ocurre cuando uno deja que el fútbol dé contenido a unos cuantos huecos que deberían haber estado ocupados por otras cuestiones. Este adicto al fútbol rechaza invitaciones a bodas porque ese día el Arsenal juega en casa, o asocia su primera gran ruptura amorosa a la pérdida de un jugador emblemático. Hornby se interroga aquí sobre la esencia de esta obsesión y describe con humor en qué consiste verdaderamente ser hincha de un equipo. Fiebre en las gradas es también una lúcida radiografía de los entresijos deportivos y sociales de este deporte y termina convirtiéndose en una sentida declaración de devoción y lealtad a un deporte, a un club y, sobre todo, a la comunidad de sufridos seguidores que conforman su verdadera esencia.

Fuente: Editorial Anagrama

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