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Cuentos de fútbol

Salvajes y sentimentales

Salvajes y sentimentales, Javier Marías (Aguilar, 2000)

Salvajes y sentimentales, Javier Marías (Aguilar, 2000)

En el prólogo a Salvajes y sentimentales, Paul Ingendaay opina con acierto que Javier Marías ha escrito el más personal de sus libros. No podía ser de otro modo para alguien que ve el fútbol como “la recuperación semanal de la infancia”. Salvajes y sentimentales reúne 40 momentos de militancia futbolística en los que no priva otra objetividad que la pasión. En esta vibrante bitácora, los diagramas tácticos de los entrenadores resultarían tan absurdos como un plano para anudarse la corbata. Marías no pretende analizar una actividad que mucho tiene de milagro: “Mientras veía el partido no era capaz de ecuanimidad alguna”. Si los técnicos de vocación retórica (Menotti, Helenio Herrera) sueltan abstractos filosofemas sobre los modos de patear balones, los escritores curtidos en las canchas y en las tribunas ven el fútbol como una lección de vida cotidiana. De acuerdo con Bioy Casares, la mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad es ser hincha de un club perdedor. Cada equipo conlleva un destino: los masoquistas de látigo afilado escogen escuadras que en los malos días sólo pierden 7 a 0 y los que desean domingos fáciles apoyan oncenas de rutinario poderío. Forofo del Real Madrid, Marías registra sus días de corazón tan blanco y la peculiar noción de triunfo de una tribu que ha hecho de la victoria una sufrida obligación. Aunque también se ocupa de dos mundiales y del Numancia, equipo entrañable, semiperdido en el silencio y el frío de Soria, Salvajes y sentimentales pone énfasis en el temple madridista y la terrible y apasionada condena de ganar siempre y, de preferencias, contra el demonio vestido de blaugrana. La pieza maestra de este prontuario del fervor futbolístico, El equipo más dramático, rinde homenaje al archivillano que nutre la furia merengue: “Para el aficionado español al fútbol, nada hay comparable a ver saltar a los dos equipos, siempre con sus primeros uniformes, a Chamartín o al Camp Nou; y en cuanto el balón se pone en juego, tenerle pavor al otro cada vez que avanza, y sentir a los contrarios peligrosos y malvados, y disfrutar también con ese miedo, con la amenaza de la humillación y el desastre, tanto como con la promesa de triunfos inolvidables. Qué sería de nosotros sin ese castigo y ese premio posibles, sin esa horrible incertidumbre. Así pues, y lo digo de veras porque lo digo con puerilidad y egoísmo: larga, larga, larga vida al Barça”. ¡Pocas cosas tan difíciles como merecer un enemigo emocionante y duradero! En su vertiente de cronista, Marías escribe las frases cadenciosas que componen el tejido musical de sus novelas, pero de protno inventa una pausa, amaga un lance, da con una salida imprevista. Aunque por azar también lo sea en la vida, desde el punto de vista futbolístico es definitivamente zurdo. Su estilo es el de esos jugadores que corren en el último rincón del campo, los hombres salidos del espejo que lanzan tiros al revés que muchas veces son goles. El sistema de consonancias del novelista de Todas las almas cede un poco a la improvisación y al gusto por el vértigo de los desaforados que hacen equilibrio en la línea de cal. En este juego no valen los obreros zurdos; a los virtuosos del pie izquierdo se les exige el pase inopinado, la centella rápida y torcida. Fiel a este código, Marías desdeña las jugadas fáciles y sólo acepta las difíciles; adormece el balón, cuida la frase, y cuando encuentra el hueco, suelta el epigrama sorpresivo: “El Madrid hace tiempo que no es un equipo ingenuo, y por ello no merece ser destacado”, “una fuerza de choque semiaérea, cuando es justamente en el semiaire donde no sólo no se ganan, sino que ni siquiera se libran batallas”, “un sujeto con perilla es un villano o como mucho un psiquiatra”.
En 1998, cuando una portería del Santiago Bernabéu se vino abajo, Jorge Valdano propuso que el partido continuara marcando la meta con ropas, como en el patio del colegio. De nueva cuenta, reveló el sentido secreto del fútbol: la posibilidad de infancia que entraña a pesar de todas las manipulaciones de que es objeto.
“Tenemos de genios lo que conservamos de niños”, escribe Baudelaire. Salvajes y sentimentales vuelve a la edad donde los heróes son posibles. Un libro épico y, en el más alto de los sentidos, infantil. El caprichoso prodigio de un jugador zurdo.

FUENTE: JUAN VILLORO (EL PAIS, BABELIA 8 DE JULIO DE 2000)

 

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