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Cuentos de fútbol

Fútbol: tabú literario

Incluso en los setenta, según cuenta el madridista acérrimo Javier Marías en su artículo “Letras de fútbol” de 1995 (disponible en la recopilación ‘Salvajes y sentimentales’, recientemente ampliada por Alfaguara), “no había intelectual que se atreviera a confesar públicamente que le gustara el fútbol”, concebido como “una especie de opio laico del pueblo”, tal vez en herencia de aquel “pan y fútbol” de posguerra al que aluden tanto Manuel Vázquez Montalbán en sus artículos publicados póstumamente en ‘Fútbol. Una religión en busca de un Dios’ (Debate, 2005), como Julián García Candau en ‘Épica y lírica del fútbol’ (Alianza, 1996), otro de los pioneros en desvelar las complejas relaciones entre fútbol y sociedad.

Para constatar el apunte histórico, Marías recoge, divertido, una anécdota sobre un partido de la Real Sociedad en Chamartín; al evento acudieron diversas personalidades del mundo de la cultura, como el novelista Juan Benet, y todas ellas menos Juan García Hortelano (difundidor del revelador suceso) renegaron después del hecho de haber acudido a la cita futbolera y se excusaron públicamente por ello. No es baladí que también en este texto Marías subraye, por otros derroteros, que “[Julio] Llamazares reclamó para su equipo, la Cultural Deportiva Leonesa, el honor pionero de haber conciliado en su nombre dos cosas con fama de opuestos”.

Se sabe que el balompié fue denostado por el escritor británico Rudyard Kipling y el argentino Jorge Luis Borges, pero Javier Marías insiste especialmente (en los artículos “La recuperación semanal de la infancia” de 1992 y “Real Madrid Republicano” de 1998, incluidos en el ya citado ‘Salvajes y sentimentales’) en la aversión futbolera de su “buen amigo y mejor colega” el cubano (nacionalizado británico) Guillermo Cabrera Infante: “Cada vez que me oye hablar de él con naturalidad o ve que le dedico un artículo, me mira con su mirada más dinamitera y no se priva de afearme el mal gusto y la conducta irresponsable”, de alguna manera “apartándose por una vez de Nabokov, que fue guardameta en su exilio de Cambridge y hasta el final de su vida gustó de ver partidos por televisión”. Explica Marías los motivos que alegaba Cabrera Infante con el recuerdo de sus acaloradas declaraciones: “Ese juego nefasto incita a la violencia porque es violento en sí mismo: se juega con los pies, y pocos movimientos hay tan feroces como el que supone dar una patada”.

La sana afición al deporte (uno de los valores fomentados en la Residencia de Estudiantes como parte de su programa educativo integral) no fue ajena a la Generación del 27. Del vate santanderino Gerardo Diego caben ser recordados los versos de “Balón de fútbol”: “Un portero y un defensa/ dos medios, tres delanteros/ eso se llama la uve”. Y de Rafael Alberti evocar la famosa “Oda a Platko” (Santander, 20 de mayo de 1928), dedicada al portero húngaro del Fútbol Club Barcelona con ocasión del primero de los tres partidos que Barça y Real Sociedad disputaron en El Sardinero para dirimir la Copa del año 28: “… Camisetas azules y blancas, sobre el aire, camisetas reales/ contrarias, contra ti, volando y arrastrándote/ Platko, Platko lejano/ rubio Platko tronchado/ tigre ardiendo en la yerba de otro país/ ¡Tú, llave, Platko, tú, llave rota/ llave áurea caída ante el pórtico áureo!/ Volvió su espalda al cielo/ Camisetas azules y granas flamearon/ apagadas, sin viento…”

Esta composición del poeta gaditano despertó una automática reacción lírica en el forofo del equipo contrario, el poeta guipuzcoano Gabriel Celaya, quien le reprochó más de una vez tales estrofas: “porque siempre creyó que tenía que ganar la Real en aquellas tres finales disputadas en Santander en el año 1928”, y así de contundente lo expresó en su contestataria “Contraoda del poeta a la Real Sociedad”: “Y recuerdo también nuestra triple derrota/ en aquellos partidos frente al Barcelona/ que si nos ganó, no fue gracias a Platko/ sino por diez penaltis claros que nos robaron”.

En esos términos los cuenta Julián García Candau en el completo volumen ‘Épica y lírica del fútbol’, cuya ‘memoria histórica’ deportiva también recoge en contrapartida que el óbito de Celaya no pasó inadvertido en la Real Sociedad: el 20 de abril del año 1991, sábado después de la muerte del poeta. El equipo saltó al césped de San Mamés a jugar el ‘derbi’ vasco con brazaletes negros.

Julián García Candau también registra oportunamente la inmortalización que Miguel Hernández hizo del desconocido portero Lolo del Orihuela en su “Elegía del guardameta”: “Tu grillo, por tus labios promotores,/ de plata compostura/ árbitro, domador de jugadores,/ director de bravura,/ ¿no silbará la muerte por ventura?/ En el alpiste verde del sosiego,/ de tiza galonado, / para siempre quedó fuera del juego/ sampedro, el apostado/ en su puerta de cáñamo anudado…”

Y recupera con igual acierto, entre otros, un destacado hito futbolero de nuestras letras, referido a una curiosa aportación nacional al “esplendor” del lenguaje deportivo: en las páginas de ‘ABC’ del 16 de noviembre de 1948, el escritor y académico Wenceslao Fernández Flórez, que por entonces firmaba una sección en las páginas de Deportes titulada “Entre portería y portería”, acuñó el término “vicegol” para bautizar “al hecho de que una pelota pasara por encima o al lado de la puerta o bata en los largueros, sin ser gol, pero en inminencia de serlo”.

Maica Rivera. Revista ‘Leer’, nº 213, junio 2010
www.revistaleer.com
 
FUENTE DEL ARTÍCULO:
http://www.eltoledo.com/
LUIS CARDEÑA GALVEZ
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