Cuéntame un gol

Cuentos de fútbol

Archivar para el mes “marzo, 2014”

La maldición de la triple corona

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Franz Beckenbauer
Foto: Bayern München Official website

A nadie se le escapa que al F.C. Barcelona últimamente le están saliendo algunas cosas mal. Salud, dinero y amor parecen fallarle desde que se marchó Guardiola. Cuando Pep se va todo parece seguir igual pero ya nada es lo mismo. Como una premonición, como un fin de ciclo. Una ley de vida que los grandes equipos de la historia parecen tener pactada con la consecución de la triple corona. Con un principio y un final, que en el caso del equipo catalán le ha permitido mantenerse en equilibrio desde que lo consiguió, hace ahora 5 años. Si esta temporada Real Madrid o Atlético de Madrid, rivales directos por el título de liga, terminan triunfando en detrimento de los catalanes las alarmas saltarán en el Camp Nou.

Triplete, triple corona, trébol, “hat-trick”, viene a ser como la consecución de algo repetido tres veces. En el fútbol europeo ese “algo” equivale a un título. Si un equipo obtiene los tres mejores títulos (Liga, Copa y Champions) en una misma temporada alcanza la triple corona. Logro que hasta hoy solo han obtenido, junto al F.C. Barcelona (2009), otros seis equipos: Celtic  Glasgow (1967), Ajax (1972), PSV Eindhoven (1988), Manchester United (1999), Inter de Milán (2010) y Bayern Múnich (2013).

El Celtic fue el primero en conseguirlo. Proeza que pasó por remontar en la final de la Copa de Europa un uno cero adverso al Inter de Milán entrenado por Helenio Herrera y donde jugaba “El Arquitecto” Luis Suárez (balón de oro). En la década de los setenta fue el Ajax de Johan Cruyff quien se coronó con el trébol, de nuevo frente al Inter aún entrenado por Helenio. En la década de los ochenta fue otro equipo holandés, el PSV, quién se alzó con las tres máximas competiciones. En los noventa le correspondió al Manchester United que dio la vuelta al marcador en los minutos de descuento en la final de la UEFA Champions League. El año 2009 fue un año histórico para los culés, batieron récords y lograron superar con éxito todas las competiciones que afrontaron. Se alzaron con un triplete que ningún equipo español había conseguido. El Inter de Milán de Mourinho y Eto’o impidieron en 2010 al Bayern alzarse con la triple corona. Los milaneses obtuvieron su triplete por primera vez para un equipo italiano. Y 2013, por fin, fue el año del Bayern.

Ninguno de los siete equipos ha logrado repetir la hazaña, lo que da una idea de lo complicado que es hacerse con las tres máximas competiciones en una misma temporada. Solo Manchester y Barcelona han vuelto a ganar la Copa de Europa tras lograr el triplete. Y como si una extraña maldición se apoderase de ellos ya no vuelven a brillar igual. Y sus estrellas palidecen. Con los años la máxima gloria parece quedar para la historia. Y ello se convierte en hándicap casi insalvable para que las nuevas generaciones puedan subir tan alto. Como si los héroes que alcanzaron la triple corona lo fueron porque nunca antes en su club se hubiese jugado y rendido a un nivel de competición único (con perdón de Bobby Charlton, Luis Suarez y del káiserBeckenbauer).

Un F.C. Barcelona herido anímicamente, sin salud, dinero, ni amor, no quiere dejar en bandeja al Bayern de Guardiola una oportunidad tan clara. Los de Pep con su juego frontal y directo pasan en la actualidad por un momento de forma excelente de cara a la recta final de temporada, lo que les sitúa ante una ocasión inigualable para lograr lo que ningún club de fútbol europeo ha conseguido hasta hoy: obtener dos veces la triple corona. Pero hasta el 24 de mayo de 2014, fecha en que se jugará la final de la Champions en el estadio lisboeta de Da Luz, quedan 69 días para saber si Pep será capaz de romper la maldición (el Bayern tampoco pudo romper la de obtener una Champions en su propio estadio). Y a impedírselo aspira media Europa. Incluido el portugués Cristiano Ronaldo y el Real Madrid que en sus 112 años de existencia tiene todavía una proeza pendiente con la historia. Después el ocaso.

Fermín Caballero Bojart.
Publicado en El cotidiano. 10 de marzo de 2014.
http://www.elcotidiano.es/la-maldicion-de-la-triple-corona/

Ganadores del Concurso de relatos “Cuentos de fútbol”

Un jurado compuesto por: Antonio Álvarez Gil, Eugenio Suárez-Galván, Pío E. Serrano y Marcos López ha seleccionado, entre las 157 obras recibidas, los siguientes veinte cuentos que integrarán el libro Cuéntame un gol. Relatos de fútbol:

1. “Lazzarono y Bilardo”. Autora: Nieves Sevilla Nohales

2. “Equilibrio de fuerzas”. Autor: Gonzalo García-Prieto

3. “El campeón”. Autor: Ricardo Huarota

4. “Los murciélagos y los límites imaginarios”. Autora: Patricia Jiménez López

5. “Blanco de corazón”. Autor: José Manuel Gómez Vega

6. “El cancerbero”. Autor: Fermín Caballero Bojart

7. “Más allá del Partido”. Autor: Marcos Cánovas

8. “El debut”. Autor: Francisco Javier Conejo Hidalgo

9. “El sueño de un académico”. Autora: Elena Fernández Ruiz

10. “La letra del himno, antes del partido”.  Autor: José Antonio Nieto Solís

11. “Nadie puede escapar”.  Autor: David Grande

12. “Por los buenos tiempos”. Autor: Eloy Serrano Barroso

13. “Hasta el sol de hoy”. Autor: Camilo Herrera

14. “Madera de roble”. Autor: Julio Rodríguez Díaz

15. “El grito”. Autora: Isabel Martínez

16. “El viejo”. Autor: Néstor Quadri

17. “El penalti”. Autor: Ángel Luis del Castillo Gordo

18. “Al primer palo”. Autor: Juan Antonio Román Muñoz

19. “El primer gol”. Autor: Antonio García Catalán

20. “El día que me encontré con Pirri”. Autor: Manuel Pozo Gómez

Fuente:

Verbum Editorial

http://www.verbumeditorial.com/es/blog/Posts/show/ganadores-del-concurso-de-relatos-quotcuentos-de-futbolquot-429

“Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”

debut-pensal-byn-2La mañana del lunes 23 de febrero de 1981 la prensa española informó puntualmente de los acontecimientos deportivos del fin de semana. El fútbol, deporte rey entonces como hoy, acaparaba casi todas las páginas de la prensa deportiva. Pasadas las páginas centrales quedaban aparcadas la derrota del Real Madrid en baloncesto frente al OAR de El Ferrol, o la victoria del Barcelona en balonmano frente al Calpisa en el Palau Blau Grana. Hacia las páginas finales, y de pasada, quedaban en un recuadro las medallas (2 de plata -Javier Moracho y Antonio Corgos- y una de bronce –Antonio Páez-) del Campeonato de Europa de Atletismo en pista cubierta de Grenoble. Desde 1968 no se conseguía pódium.

Sin desmerecer la importancia de otros deportes el fútbol ya embrutecía las mentes. Pandemia que el periodismo ha procurado paliar con  buenas crónicas, siendo además de agradecer que haya pocas fotos en los diarios deportivos para que los aficionados lean su ración diaria, que aún esta por determinar por la FAO, sin despistes.

En una liga de 18 equipos, la clasificación la encabezaba el Atlético de Madrid con 35 puntos, seguido del F.C. Barcelona con 33. El Real Madrid navegaba a la deriva por el sexto puesto  empatado a 29 puntos con el Betis y la Real Sociedad. Por la cola de la tabla la Unión Deportiva Salamanca ejercía de farolillo rojo con 14 puntos.

Enrique Castro “Quini”, delantero asturiano del Barcelona, llevaba marcados 16 goles en 25 partidos. Trofeo Pichichi que no se le escaparía al final de la temporada. Como tampoco se le escapó el título a la Real Sociedad de San Sebastián, que a pesar de estar a 5 puntos del Atlético de Madrid se alzó con el título de liga en la última jornada. Amenes de árbitros (léase Álvarez Marguenda arbitrando en el estadio Vicente Calderón) o últimos suspiros (un empate del Madrid en el último partido contra el Betis y un gol de Zamora acabando la segunda parte dieron el primer título de la historia a la Real).  Murcia, Salamanca y Almería descendieron a Segunda división. Y el trofeo Zamora al portero menos goleado se lo llevó Arconada.

La jornada de liga trascurrió sin penaltis. Con disturbios tras la derrota de Osasuna, en casa, frente al Real Madrid.  Y con el entrenador del Barcelona Helenio Herrera declarando “Veo el título a nuestro alcance”. Boskov entrenaba al Real y sus ambiciones pasaban por llegar a la final de la Copa de Europa.

En cuanto a la sección internacional la prensa destacó, además de los partidos clasificatorios para el Mundial de España, dos noticias con nombres propios: Maradona y Falcao. En el estadio de La Bombonera, el argentino Diego Armando Maradona debutaba con Boca Juniors marcando dos goles (de penalti) e infiltrado, venciendo por 4 a 1 al Club Atlético Talleres de Córdoba (frente a Talleres también debutó con Argentinos Juniors). Y en Italia, el futbolista brasileño Paulo Roberto Falcao (al colombiano Radamel, su padre, le llamo también Falcao en su memoria) marcaba su primer gol en el Calcio con la Roma. El argentino y el brasileño apenas ocupaban dos pequeños recuadros en sendas esquinas del apartado internacional de las hojas de los diarios.

En aquella tarde de calor asfixiante de La Bombonera, debutaba también un periodista. El locutor uruguayo Víctor Hugo Morales. El mismo que en el Mundial de México ’86, tras agradecer a Dios llorando, le preguntará incrédulo a la audiencia como si fuese así mismo: “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”. Maradona arrancando desde medio campo había regateado a media selección inglesa y acababa de marcar el 2 a 1. El resto fue innecesario.

Entonces un guardia civil con bigote, pistola en mano, entró en el Congreso de los Diputados y todos los periódicos se quedaron abiertos a medio leer y los comentarios deportivos inconclusos. La embestida neuronal del fútbol patrio a los políticos quedó abortada por otro barrilete, extraño y verde.

Hoy 33 años después cuando algunos de los embrutecidos se empeñan en recordar lo que leían, tienen que ir a la hemeroteca del 23F donde apenas quedan espacios para el recuerdo. Y solo ven fotos, de fútbol por supuesto, de las que se publicaban para que nadie se despistase.

Fermín Caballero Bojart.
Publicado en El cotidiano. 23 de febrero de 2014.
http://www.elcotidiano.es/barrilete-cosmico-de-que-planeta-viniste/

Carta de despedida de Xavi H. a L. Aragonés

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“Usted no es japonés, usted me entiende lo que le digo”. Me dijo una noche. Le estoy viendo, en la habitación de un hotel y sé que le echaré de menos. Mucho. Porque yo a Luis Aragonés le quería mucho. Y con Luis hablé mucho.

Sabía que no estaba fino, pero nunca pensé que tenía algo tan grave, que se iba a ir tan pronto, tan rápido, de esta manera. “Estoy bien, estoy bien”, me decía cuando le preguntaba. Hablaba de vez en cuando con él, porque para mí siempre, desde el día que le conocí, fue un referente absoluto. Supongo que es el entrenador con el que más horas he pasado hablando de fútbol. Subía a la habitación y hablábamos horas, a veces del estilo “esa es la clave, Xavi, saber a qué queremos jugar”, siempre de la importancia de juntar a los buenos en el campo y también de lo importante que era no tener miedo a nadie, a ningún equipo, por mucho que corran más. “Usted y yo sabemos que la pelota corre más que ellos. Y que la tocamos mejor que ellos”, me dijo. De Luis tengo los mejores recuerdos de una charla, de un encuentro por los pasillos, de una aparición en el comedor, porque siempre te dejaba algo. Y siempre tenía razón, siempre.

Luis iba de cara; te miraba en el entrenamiento, se acercaba y te decía: “Usted está haciendo el jeta, ha venido a entrenarse y no le veo. ¡A mí no me gustan los jetas!”. Y se iba. Luis nunca engañaba, iba de cara. “Tú no juegas porque has dado pena esta semana”, “¿Estás cansado o qué?”, “Hoy has estado fantástico, esta semana lo vas a bordar”. “¿Se cree que yo me chupo el dedo, que soy gilipollas?” Así era Luis, cercano, de verdad.

El otro día recordé una anécdota de la primera vez que me convocó para la selección. No me había llamado a la primera convocatoria y en septiembre, nada más llegar, me estaba esperando. “¿Qué pensaba usted? ¿Que el hijo de puta del viejo no lo iba a traer, eh?”. Y yo, acojonado, le dije: “No, no, en ningún momento he pensado algo así, míster”. Y él, puro Luis, me dijo: “Sí, sí, sí, a mí me va a engañar. Venga, para arriba y ya hablaremos”. Y hablamos ese día y mil horas.

Luis es fundamental en mi carrera y en la historia de La Roja. Sin él, nada hubiera sido lo mismo, imposible. Con él empezó todo, porque nos juntó a los pequeños, Iniesta, Cazorla, Cesc, Silva, Villa… Con Luis hicimos la revolución, cambiamos la furia por el balón y le demostramos al mundo que se puede ganar jugando bien. Si no ganamos la Eurocopa no hubiéramos ganado el Mundial, claro que en ese sentido, fue fundamental la llegada de Del Bosque, otro fenómeno.

A Luis le dieron mucha caña pero fue él quien marcó el camino, quien le dio a España el estilo que tiene hoy. En eso, siempre coincidimos. Fue Luis quien vio lo que había y apostó por bajitos. “Voy a poner a los buenos, porque son tan buenos que vamos a ganar la Eurocopa”. Y la ganamos. Fue inteligente y muy valiente.

En lo personal, Luis me hizo sentir importante cuando mi autoestima era un desastre. Me dio el mando de la selección cuando no lo tenía ni en el Barça. “Aquí manda usted”, me dijo, “y que me critiquen a mí”. Decidí devolverle la confianza en el campo. Si fui elegido el mejor jugador de la Eurocopa fue por él, aunque él siempre me lo negaba. Conmigo tuvo detalles inolvidables. A Alemania no llegué bien, pero me esperó. Venía a verme a Barcelona, preocupado por mi rodilla. Vino Paredes [preparador físico] a subir a La Mola mientras me recuperaba… Luis me llamaba cada dos por tres. “Apriete Xavi, no se duerma que le espero”.

La palabra fútbol en el diccionario tendría que llevar al lado la foto de Luis. Luis es el fútbol hecho hombre, el fútbol hecho persona.

Hasta siempre, míster. Y gracias por todo. Y que lo sepa: usted y yo nunca fuimos japoneses.

El País. 1 de febrero de 2014. Míster nunca fuímos japoneses.

http://deportes.elpais.com/deportes/2014/02/01/actualidad/1391284340_205577.html

Tres goles

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Recuerdo muy bien la tarde del domingo 2 de julio de 1950. Por el ventanal de un bar llegaba hasta la plaza del pueblo la voz patriótica de Matías Prats, que radiaba el partido de España contra Inglaterra desde el estadio de Maracaná en Río de Janeiro. En ese momento un chaval de mi edad me hacía una demostración con lo que a simple vista parecía una estilográfica. Le quitó el capuchón y me pidió que escribiera cualquier cosa sobre un papel. Entonces se oyó un grito desaforado: !!gol de Zarra!! Solo se me ocurrió escribir lo que acababa de oír: “Zarra ha marcado un gol”. Mi amigo me dijo que pasara la mano sobre la tinta. En efecto, aquella tinta no manchaba. Era el primer bolígrafo. El gol de Zarra y aquellas letras imborrables escritas con un bolígrafo serían siempre para mí el mismo milagro. Mucho después, el 21 de junio de 1964 se jugaba la final de la Copa de Europa entre España y la Unión Soviética en el Bernabéu con Franco en el palco. El poeta Blas de Otero había dicho: “Tanto tiempo esperando que llegaran los soviéticos a salvarnos y vienen a dar patadas a un balón”. La grada del fondo sur estaba cuajada de policías de la secreta. En el minuto 84 se produjo el gol triunfal de Marcelino. En medio del delirio explosivo a mi lado hubo un español que no aplaudió. Su actitud reacia produjo cierto altercado y de pronto un policía de la brigada social salió del anonimato y lo trincó por el cuello. “Pero, ¿qué he hecho yo?”, gritaba aquel ciudadano. No aplaudir”, gruñó el policía llevándolo preso. Años después, el 7 de julio de 2010, en un café de Marrakech había un centenar de espectadores, yo entre ellos, viendo en televisión la final del campeonato Mundial entre España y Holanda. “Tu estar español”, me decían, de modo que ante el gol de Iniesta, de repente, varios marroquíes se abalanzaron sobre mí con gran euforia para abrazarme. Con mucha angustia yo les gritaba: “¡Dejadme, que yo no he hecho nada!”. Solo me libraron de morir asfixiado cuando grité también ¡viva España! De los tres goles he sacado tres lecciones: escribir siempre de lo que uno sabe, aunque sea con bolígrafo; hacer lo posible para no tener que aplaudir a nadie por obligación o necesidad; no ser nunca un patriota para no perecer ahogado por la Victoria.

Manuel Vicent.

Publicado el 2 de marzo de 2014. El País (opinión).

http://elpais.com/elpais/2014/03/01/opinion/1393700507_348798.html

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