Cuéntame un gol

Cuentos de fútbol

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Reseña ¿Cuentos de fútbol?

La vida que pensamos (Alfaguara, 2014) está disponible en tiendas en formato físico e ebook. Páginas: 336 páginas Precio: 18,00 euros Ebook: 9,99 euros

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Hace casi veinte años, mientras trabajaba en una oficina en la que odiaba a mis jefes, a mi trabajo y al universo en general, escuché por la radio una rápida entrevista que le hacían a un jugador de fútbol de la selección nacional. El muchacho llegaba desde Europa, convocado para jugar un partido de eliminatorias para el mundial de Francia. Mientras tecleaba en el ordenador, me asaltó una imagen o una pregunta con forma de imagen. ¿Qué pasaría si ese muchacho exitoso, millonario y rutilante, en lugar de ser convocado por el entrenador de la selección, fuese llamado por sus amigos de la infancia para enfrentar el desafío anual en el que son derrotados, una y otra vez, desde que este buen muchacho se fue a jugar a Europa?

Subrepticiamente, mirando sobre el hombro de vez en cuando para que mis jefes no me descubrieran, escribí en unas horas el que sería mi primer cuento de fútbol, y le puse como título Esperándolo a Tito.

Tiempo después, y mientras seguía odiando con idéntica pertinacia a mis jefes y a mis tareas, me asaltó otra imagen: dos hermanos juegan un partido clave en una liga paupérrima de pueblo. En el peor momento de una derrota inminente, se miran a los ojos y entienden lo que tienen que hacer para torcer la marcha fatal del mundo. Y así nació mi segundo cuento de fútbol, De chilena.

Para entonces, en Radio Continental de Buenos Aires existía un programa los sábados en la tarde que intentaba unir el fútbol con la música, el cine y la literatura. El periodista que lo conducía leía algunos de los muy buenos y muy pocos cuentos futboleros que existían. Un puñado de textos de Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano. Alguna perla de Mario Benedetti. Me atreví a enviárselos y así empezó mi carrera como escritor.

Descubrí que inventar ficciones me aligeraba el espíritu. Y que a veces el fútbol, como terreno amigable y conocido, me servía como escenario para situar a mis personajes. No soporto a los publicistas del fútbol. Esos que, amparados en rótulos fáciles como “la pasión”, el “amor incondicional” y cosas así, pretenden hacernos creer que el fútbol es una manifestación maravillosa, pura e ingenua del alma humana. El ámbito propicio para el desenvolvimiento de la ética y la estética de lo más hermoso del hombre.

Juego al fútbol, miro fútbol y considero que al mismo tiempo el fútbol puede ser el escenario de las actitudes más atroces, más reaccionarias, más burdas y desagradables.

Cuando jugamos al fútbol nos exhibimos abiertamente. Dejamos aflorar lo que somos, en lo más profundo. Lo mismo nos sucede cuando vemos jugar al equipo que amamos. Lo hacemos sin mediaciones, sin disimulos, sin disfraces. Y eso lo convierte en una oportunidad literaria interesantísima.

Si existe algo de valor en los cuentos que se sirven del fútbol para organizar escenarios es que, a partir de esa superficie conocida, cotidiana y en principio predecible, autores y lectores tienen la chance de remontarse hacia las cuestiones que animan toda literatura. El amor, el dolor, la esperanza, la pérdida, el amor, la soledad, la muerte, los sueños, la derrota. Esos temas últimos, definitivos, que hacen de nuestras vidas lo que son y lo que no son, pueden aflorar directa o tangencialmente en los libros que leemos.

Como autor, me encanta encontrarme con lectores que se acercan a decirme que el fútbol les gusta mucho y que estos cuentos de fútbol les han resultado gratos. Pero mucho más disfruto cuando se acerca alguien a decirme que odia el fútbol y que, sin embargo, estos cuentos les han sido significativos. Como si el arduo trabajo adicional de perforar el prejuicio volviese más luminoso el hallazgo final de una complicidad entre autor y lector.

Un modo de leer este libro es situarse en sus tramas, las cuales, de más cerca o de más lejos, se rozan con el fútbol. Otro modo es aproximarse a estas historias pensando en los amores, las traiciones, las esperas, las deudas, las revanchas, las decadencias, las herencias, las compensaciones, los desafíos y las reparaciones que esas historias dejan entrever. Más acá, o más allá del fútbol.

Espero que los lectores encuentren placentero caminar ese segundo sendero.

Fuente:http://www.huffingtonpost.es. 15.06.2014

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Reseña sobre Cuéntame un gol. R. Lafuente. ABC Cultural

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Presentación Cuéntame un gol el día 11 de junio en Madrid

INVITACION CUENTAME UN GOL - 11 DE JUNIO

Presentación de la antología de relatos

Cuéntame un gol, cuentos de fútbol

(prólogo de Marcos López-RTVE) 

 11 de junio de 21014

a las 19:00 h.

en

ESPACIO RONDA

Ronda de Segovia 50

28005, Madrid.

Presentación Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol

Cuentos de fútbol

INVITACIÓN

Presentación de la antología de relatos de fútbol

CUÉNTAME UN GOL

el sábado 10 de Mayo de 2014

a las 19.30h. en

Librería El Tranvía (C. Comercial Moda Shopping)
Avda. General Perón 40. 28020.
MADRID

¡Os esperamos!

Cómo llegar:

http://www.eltranvia.libreriasindependientes.com/donde-estamos

Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol

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Presentación día 10 de Mayo de 2014. 19.30h. Librería El Tranvía (C. Comercial Moda Shopping) Avda. General Perón 40. 28020. MADRID.

“Fútbol es fútbol…” escucharon los españoles a finales de los setenta. Para los que no entendemos de fútbol, puede que no alcance mayor expectativa que una frase encerrada en sí misma. Sin una salida idiomáticamente simple. Por que yo, que no conozco las reglas del deporte rey, ni siento pasión por un equipo, no me derrito por una jugada ni deseo derrotas ajenas. Tampoco valoro estrategias, ni dicto sentencias deportivas. Es como si un futbolista leyese “Arte es arte”. Absurda y cruel comparación. Claro que, mientras no hubo imagen, se vivió de la crónica, en forma de radio y, para cultos y/o adinerados, de prensa escrita. En ellas se prodigaron periodistas. Se acuñaron posteriormente locutores y se descubrieron plumas, las más valoradas, en las bandas de un campo de fútbol. Desde Mar de la Plata hasta la Ría del Nervión comenzaron a vivirse con pasión lo que denominaron derby. Para que las hazañas de unos y otras (las plumas) cruzaran el oceáno decidieron que cada cuatro años era referencia válida la recapitulación mundial de sus ídolos. Al llegar la televisión el papel perdió algo de protagonismo y hoy el cerebro humano sigue hipotecado al acontecimiento directo y real que proporciona la combinación de color y locución. ¿Quién da más? Solo internet, precoz dinamitadora del papel, parece ponerse a favor de la literatura futbolística. Y surgieron los cuentos que quisieron hacer posible lo que no se leía o veía en un campo de fútbol. Del mito al dios, pasando por la religión en forma de balón. Y por eso hoy no se prodigan, a pesar de hemerotecas y escasas recopilaciones antológicas, relatos de fútbol.

Sin embargo, con el fútbol de trasfondo, se pueden crear buenas historias, lejos de las crónicas, que den otro contexto a la frase de Boškov con la que me ha parecido oportuno abrir esta reseña sobre la acertada antología Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol. (Verbum, 2014). No es fácil concentrarse con una mosca que entra en el salón de casa mientras se trata de seguir la poderosa final que nos brindó el Mundial de 1990 (Lazzarono y Bilarda) al desgarbado modo de la novelista Nieves Sevilla, o pensar que un delantero nato deja de meter goles como a quién le sale una verruga y acude a un brujo como remedio final para acabar con la sequía goleadora (Equilibrio de fuerzas) con la suspicaz prosa de Gonzalo García-Prieto. Así van surgiendo los relatos de esta antología que Verbum propone de la mano de autores consagrados como Manuel Pozo (El día que me encontré con Pirri), con ese nostálgico flashback de infancia que anestesia al protagonista tras un encuentro en la calle con un valiente defensa que jugó en el Real Madrid. Y de la niñez nos viene contando Antonio García-Catalán (El primer gol), para que vale un gol, sobre todo si es el primero de tu vida. Y así uno hace pandilla, con un balón y unas porterías figuradas (Los murciélagos y los límites imaginarios), tal cual lo narra Patricia Jiménez López, donde los jugadores de la selección española que golearon a Malta se rifan la suerte en una pachanga. Niños que sueñan con ser sus ídolos, o simplemente ver a la selección española aunque sea en televisión (El sueño de un académico), punto de vista interesante, como el que propone Elena Fernández Ruiz, con la final de la Eurocopa de 1964. Tiempos duros, de la España en blanco y negro donde los riesgos se corren en los lugares más inesperados (El Partido), sobre todo cuando los días de fútbol el correo del partido político clandestino, retratado por Marcos Cánovas, acude al estadio en busca de información.

Disfrutará el lector con historias cuasisalvajes y románticas. Exquisitas. Para acompañar con una tarde de lectura y sosiego. A veces misteriosas (El campeón) con esa atmósfera que tan bien sabe preparar Ricardo Rincón en sus cuentos. Que nos enganchará para seguir leyendo y disfrutando de momentos como el que nos brinda Francisco Javier Conejo (El debut) cuando un chico de diecinueve años ve cumplido su ansiado sueño de debutar, hasta que un fuerte pinchazo en el pecho provoca su desvanecimiento. Cuentos actuales, como el de José Manuel Gómez Vega (Blancos de corazón) al otro lado de la valla fronteriza de Melilla, en Beni Ansar, con una pureza de sentimientos inigualable. O a este lado de la España corrupta (Los goles soñados) donde las aspiraciones de un funcionario interino de conseguir una plaza fija pasan, según su autor Juan Antonio Román Muñoz, por el resultado de un partido de fútbol entre dos pueblos vecinos. Rabiosa actualidad. Indignada patria que no tiene letra en su himno, y de ello se encarga el escritor José Antonio Nieto (La letra del himno, antes del partido) en las carnes del preu Juanito. Héroes anónimos. O vestidos de negro como el protagonista que pita su primera final (Por los buenos tiempos) en la que Eloy Serrano nos destripa viejas riñas. Tiempos pasados y modernos en los que lo femenino reclama su esfera (El grito) con una genial historia, como las veinte que forman la antología, sobre un penalti no pitado por una mujer, con el inconfundible estilo de Isabel Martínez. Y de penas máximas versa el relato del seguntino Ángel del Castillo (El penalti). Con recuerdos juveniles. Cómo los que Camilo Herrera evoca (Hasta el sol de hoy) rindiendo tributo al amor de una joven deseada por todos los jugadores de un encuentro.

Me escribe, desde Argentina, el cuentista Néstor Quadri (El viejo): “A menudo suele aseverarse entre los hinchas fanáticos del fútbol que un jugador es viejo como sinónimo de ineficacia”. Bárbaro castigo compañero; boluda competencia. Con esa madera de campeón, de carbayón, con la que los asturianos pujaron y no dejaron que su club desapareciera (Madera de roble), palabra de Julio Rodríguez Díaz. Y por eso creo, como David Grande (Nadie puede escapar) que esa esclavitud, que es en el fondo lo que encierra la frase sin salida de Vujadin, nos lleva a huir del fútbol durante toda la vida. Vida que me ha enseñado a leer dos veces, la primera a los demás, la segunda a mi mismo (El cancerbero). Y para el final, el principio: El prólogo. ¡Cuanta razón, cuanta añoranza! Pero así también empezaron aquellos locutores, aquellas plumas. Con maestros que creían saberlo todo, por que solo ellos lo habían visto. O vivido. Y Marcos López al que observo envarado, tras las gafas negras de pasta, cada noche en el telediario de las nueve, telegrafiando una cruel actualidad, supo adivinar el precio del gol. Balonmano, fútbol o chapas. Goles al fin y al cabo, porque él sí que sabe leer. Sin segundas lecturas, tantas veces innecesarias. Por que detrás de “Fútbol es fútbol…” muy pocos saben, gracias Marcos, que Vujadin Boškov dijo “e gol e gol”.

El acto contará con la asistencia de Marcos López (Rtve) y Fernando Rodríguez Lafuente (director de ABC Cultural).

 
Fermín Caballero Bojart
http://www.elcotidiano.es

La maldición de la triple corona

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Franz Beckenbauer
Foto: Bayern München Official website

A nadie se le escapa que al F.C. Barcelona últimamente le están saliendo algunas cosas mal. Salud, dinero y amor parecen fallarle desde que se marchó Guardiola. Cuando Pep se va todo parece seguir igual pero ya nada es lo mismo. Como una premonición, como un fin de ciclo. Una ley de vida que los grandes equipos de la historia parecen tener pactada con la consecución de la triple corona. Con un principio y un final, que en el caso del equipo catalán le ha permitido mantenerse en equilibrio desde que lo consiguió, hace ahora 5 años. Si esta temporada Real Madrid o Atlético de Madrid, rivales directos por el título de liga, terminan triunfando en detrimento de los catalanes las alarmas saltarán en el Camp Nou.

Triplete, triple corona, trébol, “hat-trick”, viene a ser como la consecución de algo repetido tres veces. En el fútbol europeo ese “algo” equivale a un título. Si un equipo obtiene los tres mejores títulos (Liga, Copa y Champions) en una misma temporada alcanza la triple corona. Logro que hasta hoy solo han obtenido, junto al F.C. Barcelona (2009), otros seis equipos: Celtic  Glasgow (1967), Ajax (1972), PSV Eindhoven (1988), Manchester United (1999), Inter de Milán (2010) y Bayern Múnich (2013).

El Celtic fue el primero en conseguirlo. Proeza que pasó por remontar en la final de la Copa de Europa un uno cero adverso al Inter de Milán entrenado por Helenio Herrera y donde jugaba “El Arquitecto” Luis Suárez (balón de oro). En la década de los setenta fue el Ajax de Johan Cruyff quien se coronó con el trébol, de nuevo frente al Inter aún entrenado por Helenio. En la década de los ochenta fue otro equipo holandés, el PSV, quién se alzó con las tres máximas competiciones. En los noventa le correspondió al Manchester United que dio la vuelta al marcador en los minutos de descuento en la final de la UEFA Champions League. El año 2009 fue un año histórico para los culés, batieron récords y lograron superar con éxito todas las competiciones que afrontaron. Se alzaron con un triplete que ningún equipo español había conseguido. El Inter de Milán de Mourinho y Eto’o impidieron en 2010 al Bayern alzarse con la triple corona. Los milaneses obtuvieron su triplete por primera vez para un equipo italiano. Y 2013, por fin, fue el año del Bayern.

Ninguno de los siete equipos ha logrado repetir la hazaña, lo que da una idea de lo complicado que es hacerse con las tres máximas competiciones en una misma temporada. Solo Manchester y Barcelona han vuelto a ganar la Copa de Europa tras lograr el triplete. Y como si una extraña maldición se apoderase de ellos ya no vuelven a brillar igual. Y sus estrellas palidecen. Con los años la máxima gloria parece quedar para la historia. Y ello se convierte en hándicap casi insalvable para que las nuevas generaciones puedan subir tan alto. Como si los héroes que alcanzaron la triple corona lo fueron porque nunca antes en su club se hubiese jugado y rendido a un nivel de competición único (con perdón de Bobby Charlton, Luis Suarez y del káiserBeckenbauer).

Un F.C. Barcelona herido anímicamente, sin salud, dinero, ni amor, no quiere dejar en bandeja al Bayern de Guardiola una oportunidad tan clara. Los de Pep con su juego frontal y directo pasan en la actualidad por un momento de forma excelente de cara a la recta final de temporada, lo que les sitúa ante una ocasión inigualable para lograr lo que ningún club de fútbol europeo ha conseguido hasta hoy: obtener dos veces la triple corona. Pero hasta el 24 de mayo de 2014, fecha en que se jugará la final de la Champions en el estadio lisboeta de Da Luz, quedan 69 días para saber si Pep será capaz de romper la maldición (el Bayern tampoco pudo romper la de obtener una Champions en su propio estadio). Y a impedírselo aspira media Europa. Incluido el portugués Cristiano Ronaldo y el Real Madrid que en sus 112 años de existencia tiene todavía una proeza pendiente con la historia. Después el ocaso.

Fermín Caballero Bojart.
Publicado en El cotidiano. 10 de marzo de 2014.
http://www.elcotidiano.es/la-maldicion-de-la-triple-corona/

“Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”

debut-pensal-byn-2La mañana del lunes 23 de febrero de 1981 la prensa española informó puntualmente de los acontecimientos deportivos del fin de semana. El fútbol, deporte rey entonces como hoy, acaparaba casi todas las páginas de la prensa deportiva. Pasadas las páginas centrales quedaban aparcadas la derrota del Real Madrid en baloncesto frente al OAR de El Ferrol, o la victoria del Barcelona en balonmano frente al Calpisa en el Palau Blau Grana. Hacia las páginas finales, y de pasada, quedaban en un recuadro las medallas (2 de plata -Javier Moracho y Antonio Corgos- y una de bronce –Antonio Páez-) del Campeonato de Europa de Atletismo en pista cubierta de Grenoble. Desde 1968 no se conseguía pódium.

Sin desmerecer la importancia de otros deportes el fútbol ya embrutecía las mentes. Pandemia que el periodismo ha procurado paliar con  buenas crónicas, siendo además de agradecer que haya pocas fotos en los diarios deportivos para que los aficionados lean su ración diaria, que aún esta por determinar por la FAO, sin despistes.

En una liga de 18 equipos, la clasificación la encabezaba el Atlético de Madrid con 35 puntos, seguido del F.C. Barcelona con 33. El Real Madrid navegaba a la deriva por el sexto puesto  empatado a 29 puntos con el Betis y la Real Sociedad. Por la cola de la tabla la Unión Deportiva Salamanca ejercía de farolillo rojo con 14 puntos.

Enrique Castro “Quini”, delantero asturiano del Barcelona, llevaba marcados 16 goles en 25 partidos. Trofeo Pichichi que no se le escaparía al final de la temporada. Como tampoco se le escapó el título a la Real Sociedad de San Sebastián, que a pesar de estar a 5 puntos del Atlético de Madrid se alzó con el título de liga en la última jornada. Amenes de árbitros (léase Álvarez Marguenda arbitrando en el estadio Vicente Calderón) o últimos suspiros (un empate del Madrid en el último partido contra el Betis y un gol de Zamora acabando la segunda parte dieron el primer título de la historia a la Real).  Murcia, Salamanca y Almería descendieron a Segunda división. Y el trofeo Zamora al portero menos goleado se lo llevó Arconada.

La jornada de liga trascurrió sin penaltis. Con disturbios tras la derrota de Osasuna, en casa, frente al Real Madrid.  Y con el entrenador del Barcelona Helenio Herrera declarando “Veo el título a nuestro alcance”. Boskov entrenaba al Real y sus ambiciones pasaban por llegar a la final de la Copa de Europa.

En cuanto a la sección internacional la prensa destacó, además de los partidos clasificatorios para el Mundial de España, dos noticias con nombres propios: Maradona y Falcao. En el estadio de La Bombonera, el argentino Diego Armando Maradona debutaba con Boca Juniors marcando dos goles (de penalti) e infiltrado, venciendo por 4 a 1 al Club Atlético Talleres de Córdoba (frente a Talleres también debutó con Argentinos Juniors). Y en Italia, el futbolista brasileño Paulo Roberto Falcao (al colombiano Radamel, su padre, le llamo también Falcao en su memoria) marcaba su primer gol en el Calcio con la Roma. El argentino y el brasileño apenas ocupaban dos pequeños recuadros en sendas esquinas del apartado internacional de las hojas de los diarios.

En aquella tarde de calor asfixiante de La Bombonera, debutaba también un periodista. El locutor uruguayo Víctor Hugo Morales. El mismo que en el Mundial de México ’86, tras agradecer a Dios llorando, le preguntará incrédulo a la audiencia como si fuese así mismo: “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”. Maradona arrancando desde medio campo había regateado a media selección inglesa y acababa de marcar el 2 a 1. El resto fue innecesario.

Entonces un guardia civil con bigote, pistola en mano, entró en el Congreso de los Diputados y todos los periódicos se quedaron abiertos a medio leer y los comentarios deportivos inconclusos. La embestida neuronal del fútbol patrio a los políticos quedó abortada por otro barrilete, extraño y verde.

Hoy 33 años después cuando algunos de los embrutecidos se empeñan en recordar lo que leían, tienen que ir a la hemeroteca del 23F donde apenas quedan espacios para el recuerdo. Y solo ven fotos, de fútbol por supuesto, de las que se publicaban para que nadie se despistase.

Fermín Caballero Bojart.
Publicado en El cotidiano. 23 de febrero de 2014.
http://www.elcotidiano.es/barrilete-cosmico-de-que-planeta-viniste/

Carta de despedida de Xavi H. a L. Aragonés

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“Usted no es japonés, usted me entiende lo que le digo”. Me dijo una noche. Le estoy viendo, en la habitación de un hotel y sé que le echaré de menos. Mucho. Porque yo a Luis Aragonés le quería mucho. Y con Luis hablé mucho.

Sabía que no estaba fino, pero nunca pensé que tenía algo tan grave, que se iba a ir tan pronto, tan rápido, de esta manera. “Estoy bien, estoy bien”, me decía cuando le preguntaba. Hablaba de vez en cuando con él, porque para mí siempre, desde el día que le conocí, fue un referente absoluto. Supongo que es el entrenador con el que más horas he pasado hablando de fútbol. Subía a la habitación y hablábamos horas, a veces del estilo “esa es la clave, Xavi, saber a qué queremos jugar”, siempre de la importancia de juntar a los buenos en el campo y también de lo importante que era no tener miedo a nadie, a ningún equipo, por mucho que corran más. “Usted y yo sabemos que la pelota corre más que ellos. Y que la tocamos mejor que ellos”, me dijo. De Luis tengo los mejores recuerdos de una charla, de un encuentro por los pasillos, de una aparición en el comedor, porque siempre te dejaba algo. Y siempre tenía razón, siempre.

Luis iba de cara; te miraba en el entrenamiento, se acercaba y te decía: “Usted está haciendo el jeta, ha venido a entrenarse y no le veo. ¡A mí no me gustan los jetas!”. Y se iba. Luis nunca engañaba, iba de cara. “Tú no juegas porque has dado pena esta semana”, “¿Estás cansado o qué?”, “Hoy has estado fantástico, esta semana lo vas a bordar”. “¿Se cree que yo me chupo el dedo, que soy gilipollas?” Así era Luis, cercano, de verdad.

El otro día recordé una anécdota de la primera vez que me convocó para la selección. No me había llamado a la primera convocatoria y en septiembre, nada más llegar, me estaba esperando. “¿Qué pensaba usted? ¿Que el hijo de puta del viejo no lo iba a traer, eh?”. Y yo, acojonado, le dije: “No, no, en ningún momento he pensado algo así, míster”. Y él, puro Luis, me dijo: “Sí, sí, sí, a mí me va a engañar. Venga, para arriba y ya hablaremos”. Y hablamos ese día y mil horas.

Luis es fundamental en mi carrera y en la historia de La Roja. Sin él, nada hubiera sido lo mismo, imposible. Con él empezó todo, porque nos juntó a los pequeños, Iniesta, Cazorla, Cesc, Silva, Villa… Con Luis hicimos la revolución, cambiamos la furia por el balón y le demostramos al mundo que se puede ganar jugando bien. Si no ganamos la Eurocopa no hubiéramos ganado el Mundial, claro que en ese sentido, fue fundamental la llegada de Del Bosque, otro fenómeno.

A Luis le dieron mucha caña pero fue él quien marcó el camino, quien le dio a España el estilo que tiene hoy. En eso, siempre coincidimos. Fue Luis quien vio lo que había y apostó por bajitos. “Voy a poner a los buenos, porque son tan buenos que vamos a ganar la Eurocopa”. Y la ganamos. Fue inteligente y muy valiente.

En lo personal, Luis me hizo sentir importante cuando mi autoestima era un desastre. Me dio el mando de la selección cuando no lo tenía ni en el Barça. “Aquí manda usted”, me dijo, “y que me critiquen a mí”. Decidí devolverle la confianza en el campo. Si fui elegido el mejor jugador de la Eurocopa fue por él, aunque él siempre me lo negaba. Conmigo tuvo detalles inolvidables. A Alemania no llegué bien, pero me esperó. Venía a verme a Barcelona, preocupado por mi rodilla. Vino Paredes [preparador físico] a subir a La Mola mientras me recuperaba… Luis me llamaba cada dos por tres. “Apriete Xavi, no se duerma que le espero”.

La palabra fútbol en el diccionario tendría que llevar al lado la foto de Luis. Luis es el fútbol hecho hombre, el fútbol hecho persona.

Hasta siempre, míster. Y gracias por todo. Y que lo sepa: usted y yo nunca fuimos japoneses.

El País. 1 de febrero de 2014. Míster nunca fuímos japoneses.

http://deportes.elpais.com/deportes/2014/02/01/actualidad/1391284340_205577.html

Tres goles

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Recuerdo muy bien la tarde del domingo 2 de julio de 1950. Por el ventanal de un bar llegaba hasta la plaza del pueblo la voz patriótica de Matías Prats, que radiaba el partido de España contra Inglaterra desde el estadio de Maracaná en Río de Janeiro. En ese momento un chaval de mi edad me hacía una demostración con lo que a simple vista parecía una estilográfica. Le quitó el capuchón y me pidió que escribiera cualquier cosa sobre un papel. Entonces se oyó un grito desaforado: !!gol de Zarra!! Solo se me ocurrió escribir lo que acababa de oír: “Zarra ha marcado un gol”. Mi amigo me dijo que pasara la mano sobre la tinta. En efecto, aquella tinta no manchaba. Era el primer bolígrafo. El gol de Zarra y aquellas letras imborrables escritas con un bolígrafo serían siempre para mí el mismo milagro. Mucho después, el 21 de junio de 1964 se jugaba la final de la Copa de Europa entre España y la Unión Soviética en el Bernabéu con Franco en el palco. El poeta Blas de Otero había dicho: “Tanto tiempo esperando que llegaran los soviéticos a salvarnos y vienen a dar patadas a un balón”. La grada del fondo sur estaba cuajada de policías de la secreta. En el minuto 84 se produjo el gol triunfal de Marcelino. En medio del delirio explosivo a mi lado hubo un español que no aplaudió. Su actitud reacia produjo cierto altercado y de pronto un policía de la brigada social salió del anonimato y lo trincó por el cuello. “Pero, ¿qué he hecho yo?”, gritaba aquel ciudadano. No aplaudir”, gruñó el policía llevándolo preso. Años después, el 7 de julio de 2010, en un café de Marrakech había un centenar de espectadores, yo entre ellos, viendo en televisión la final del campeonato Mundial entre España y Holanda. “Tu estar español”, me decían, de modo que ante el gol de Iniesta, de repente, varios marroquíes se abalanzaron sobre mí con gran euforia para abrazarme. Con mucha angustia yo les gritaba: “¡Dejadme, que yo no he hecho nada!”. Solo me libraron de morir asfixiado cuando grité también ¡viva España! De los tres goles he sacado tres lecciones: escribir siempre de lo que uno sabe, aunque sea con bolígrafo; hacer lo posible para no tener que aplaudir a nadie por obligación o necesidad; no ser nunca un patriota para no perecer ahogado por la Victoria.

Manuel Vicent.

Publicado el 2 de marzo de 2014. El País (opinión).

http://elpais.com/elpais/2014/03/01/opinion/1393700507_348798.html

“Yo uso el fútbol en la literatura como puerta de entrada a otras cosas más importantes”

Eduardo Sacheri

  • La sensación es que ha ido todo demasiado rápido, demasiado inesperado. Cuando Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967), buscaba plasmar en un papel todas aquellas cosas que uno siente que tiene que ordenar cuando está llegando a la treintena, no imaginaba que meses más tarde, aquellas historias, narradas en forma de cuentos, se harían populares gracias a un programa de radio.
  • Varios años después, puede presumir de haber ganado un Óscar por el guión de ‘El secreto de sus ojos’, varias novelas exitosas y de un equipo que acaba de descender a Nacional B. El escritor nos habla de ‘Futbolín’ (Metegol en la versión original argentina) para la que ha trabajado como guionista en la adaptación al cine por el director Juan José Campanella de un cuento de Fontanarrosa.

Once tipos que viven condenados a entenderse en un campo de fútbol de madera. ¿No es demasiado cruel?

Todo parte de la mente de Fontanarrosa, así que las culpas a él (risas). Es un pequeño cuento, pero se trata sobre todo de una inspiración. De ahí, nosotros robamos una pequeña idea que es la de que los jugadores están vivos. Sienten, piensan, se emocionan…pero dentro de ese Metegol, o futbolín, como decís vosotros. Su vida, claro está, no va más allá de jugar al fútbol todo el rato. Pero, ¿qué pasaría si de pronto ese Metegol se destruye y quedan lanzados al mundo real? ¿Cómo es eso de aprender a vivir fuera del Metegol?

Como aquellos jugadores que viven en su burbuja de futbolistas profesionales, y cuando terminan la carrera se dan de bruces con la realidad.

Es cierto, pero lo que tiene de distinto es que estos tipos son veintidós que están destinados a amarse u odiarse siempre. No conocen otra cosa. Son ellos contra el mundo.

En la película ejerces de guionista.

Sí. Es un proyecto que tiene como cinco o seis años de antigüedad. Cuando se estrenó El secreto de sus ojos allá por 2009, nos juntamos un día a comer con Campanella y me dijo: “Tengo este otro proyecto y tenemos un guión más o menos hecho”. Eran Campanella, Ángel Kutchevasky, que es un tipo de cine que trabaja en Canal Once, y Gastón Gorali. Habían hecho un guión pero no terminaba de convencerles. Lo habían hecho únicamente para presentarlo y atraer productores. Darle una viabilidad al proyecto. Me lo pasaron, y a mí tampoco me gustó, porque en realidad le faltaba mucho fútbol. Y Campanella me dice: “A ti que te gusta el fútbol…”.

¿A él no le gusta?

Le atrae la cultura popular, el interés que provoca en la gente, las pasiones que genera alrededor, pero no sabe de fútbol, no le gusta, no mira y no juega. Por eso me dijo: “Por qué no le das una vuelta…”. Así es como trabaja él. No dice: ‘Yo hice el guión y por lo tanto es mi película y se hace como yo quiera’. En realidad era un guión de fútbol hecho por tipos a los que no les gustaba el fútbol. Y de ahí hasta ahora. Estrenamos el 18 de julio en Argentina y poco después en España.

Han despojado al fútbol de un montón de matices. Antes importaban los cómos, ahora ya no importan. Importa si ganas o si pierdes, si tienes éxito o fracasas, no importa si juegas bien o juegas mal

Esperándolo a Tito fue uno de tus primeros cuentos, ¿te acuerdas, o te queda ya muy lejos?

Me acuerdo perfectamente, no hace demasiado. Lo que sucede es que han pasado muchas cosas en un corto periodo de tiempo. Todo lo que me ha pasado con la literatura me suena muy a azar, porque yo me puse a escribir cuentos para ordenar mi propia cabeza y de repente esos cuentos empezaron a hacerse conocidos en la radio y a publicarse. Eso generó una popularidad que yo no pensaba inicialmente. Después, Campanella me propone tomar una novela mía, hacemos El secreto de sus ojos,  y la película explota y la ve un montón de gente y gana un Oscar… fue una locura maravillosa. En realidad toda esta carrera es absolutamente impensada para mí.

A pesar de todo, hay gente que te sigue encasillando en los cuentos de fútbol, ¿Te molesta?

Aquí en Argentina somos muy dados al encasillamiento, como si pareciera molestarnos la complejidad y prefiriésemos decir, fulano, igual a tal cosa; mengano, igual a esta otra. Te doy el ejemplo de Fontanarrosa, que es al que más se le asocia a los cuentos de fútbol. Debe tener 200 cuentos en total y de esos, veintitantos que son estupendos cuentos de fútbol, pero parece que no hizo otra cosa en su vida. No. Es un gran escritor, que también escribió cuentos de fútbol. No digo que yo sea un gran escritor, pero al menos, escribo otras cosas. También me encanta escribir cuentos de fútbol, porque me sirven como puerta de entrada a otras cosas que a mi criterio son más profundas que el simple fútbol, que creo que es como usamos el fútbol muchos de nosotros. Yo uso el fútbol en la literatura del mismo modo que lo uso en mi vida, como puerta de entrada a otras cosas. Para vivir cosas más importantes, para entender, para aceptar y comprender que siempre hay otras realidades.

Uno no es el mejor en la victoria, ni el peor en la derrota. ¿A relativizar quizá?

Exacto. Yo creo que sin duda la vida debe ofrecer otros caminos para lo mismo, lo que pasa es que si te gusta el fútbol, lo tienes muy a mano, sobre todo acá. Cuesta mucho separar lo que le pasa a uno como persona de lo que le pasa a tu equipo.

Aquello de que es imposible sentir que te va bien si a tu equipo le está yendo mal.

Es que no te va del todo bien… de algún modo cuesta mucho tapar esa mancha. En este momento, por ejemplo, yo te puedo decir que me va bárbaro; personalmente mis hijos crecen bien, mi mujer y yo tenemos trabajo, profesionalmente me está yendo muy bien, viene ahora una película como Metegol que muy probablemente funcione, y sin embargo a Independiente le va mal. Y si a Independiente le va mal, mi felicidad no puede ser completa. Siempre pongo el mismo ejemplo: el día de la ceremonia de entrega de los Oscar, estaba en la habitación del hotel, completamente preparado, esperando a Campanella y Darín mientras mi hijo me iba poniendo al tanto a través de mensajes de texto de cómo iba Independiente frente a River. River nos tiene tomada la medida, pero de pronto, gol de Farías, uno cero. Otro gol… dos cero. Terminamos ganando ese partido, pero yo sé que si lo hubiésemos perdido, en algún momento de la noche me hubiera olvidado del fervor y la alegría del premio y me hubiera apoyado junto a una columna pensando: estos hijos de puta, cómo perdieron hoy… Es imperdonable, pero es así.

¿Cómo llevas la tragedia del descenso?

Aprendiendo. Comentabas esto antes de aprender a perder, y en esas estamos. Creo que esta nueva situación te enseña muchas cosas y te permite formularte muy buenas preguntas, porque cuando ganas, por lo general, no te sueles hacer ninguna.

¿Por ejemplo?

Me ha permitido ver cuánta gente no sabe ganar. El descenso de Independiente ha despertado la bestia de los hinchas de otros clubes que demuestran lo peor que tenían dentro. Y pienso: mira cuánto nos odiaban. Y piensas, ¿cómo debe haber sufrido este tipo aguantando nuestros buenos momentos y sufriendo sus miserias? Gente que juega conmigo al fútbol desde hace 20 años y dices: mira lo que tenía dentro este hijo de puta. Y he aprendido que lo esencial es estar. Estar en el sentido de participar en lo que puedas. Independiente es uno de los clubes con más socios en el mundo, y eso me da orgullo. Es como decir, ¿dónde voy a anclar mi orgullo? No lo voy a anclar en mis victorias, lo voy a anclar en esto. En decir que Independiente, en este caso, va a tener más socios que en la temporada en la que descendió.

Bueno, eso le pasó al Atlético de Madrid, que descendió, y la pasión se multiplicó de un modo desconcertante.

Es que la derrota tiene una épica especial. A pesar de que obviamente no elijo irme al descenso y me gustaría no irme, creo que Independiente va a volver y va a regresar fortalecido. Me parece que esos matices de gris en lo que nos hemos movido nos han hecho más grandes que este negro profundo que supone jugar en el ascenso. Obviamente, Independiente tendrá que volver muy rápido para capitalizar esa tragedia, porque si eterniza en el ascenso… Bah, no lo quiero ni pensar. Espero que éste sea el fondo.

Literariamente, ¿qué te sugiere esta situación?

Yo escribo habitualmente una columna en ‘El Gráfico’, y es obvio que las de los últimos meses han tenido que ver con el tema. Para que genere ficción es más complicado. Requiere otros tiempos, otro sedimento, otra madurez de las cosas. También pasa que me cuesta mucho escribir de mi pasión, de mi equipo. Me siento mucho más cómodo con el fútbol en general. De hecho, en la mayoría de mis cuentos o relatos, hablo de clubes ficticios porque no quiero cargar al lector. Me sentiría muy expuesto si hablase de mi club. Me animé en Papeles en el viento, pero lo hice porque la situación hablaba de un equipo que estaba en las malas, como perdedor. Para mí, eso es un código básico: cuando estás en la buena, no debes hablar, del mismo modo que si yo voy y te gano, tampoco tengo nada que decir. Sólo tengo derecho a cargarte, a burlarme de ti, en la mala mía.

Bueno, justamente lo contrario a la realidad. ¿Llegó hasta aquí el tema Mourinho o Guardiola, Madrid o Barcelona, vida o muerte?

Sí… (suspira). Ojalá no nos pase a nosotros. La única ventaja que veo es que aquí no pasa. Uno desde fuera se pregunta: ¿y los demás para qué juegan? Juegan para ser terceros. Me pasó hace poco, cuando me estaban haciendo un reportaje en Sevilla. Uno era del Sevilla y otro del Betis, y me comentaron que para ellos su máxima aspiración era quedar entre los cuatro primeros. Ni siquiera me dijeron que soñaban con ver a su equipo campeón. Eso aquí no pasa. Por otro lado, dos clubes tan poderosos como el Barcelona y el Madrid, que finalmente son dos selecciones mundiales tienen que disputar su propio campeonato, que para ellos es la Champions. Pero la Liga española me parece que se ha empobrecido totalmente. Eso para mí no está bien. ¿Cuántos años hace que esto es así?

No sé, varios. Supongo que hace diez años no era así. El Deportivo ganó una Liga, el Valencia dos… todo era más normal.

¿Influye el tema de los derechos televisivos entonces?

La prensa se empeña en hacer una disputa Madrid-Barcelona diaria porque han llegado a la conclusión que es lo que vende (y seguramente sea así).

Bueno, ese rol negativo de la prensa también ocurre en Argentina y lo detesto. No en este punto de polarización, porque aún así Boca y River han hecho las cosas tan mal que han logrado que les vaya mal en alguna ocasión pese a tener muchos más apoyos. Aun así me parece que el discurso polarizado de los medios televisivos, ese de si vendes bien, y si no, se pudre todo, ha terminado recayendo sobre el fútbol. Han despojado al fútbol de un montón de matices. Antes importaban los cómos, ahora ya no importan. Importa si ganas o si pierdes, si tienes éxito o fracasas, no importa si juegas bien o juegas mal, y tampoco existe el medio plazo, el siembro ahora a ver qué recojo después. Al final, los medios, casi sin querer, han terminado imponiendo el ahora, la urgencia por encima de todo.

Recientemente, en un viaje a Montevideo, charlaba con Sebastián Abreu, y me comentaba que buena parte de los últimos éxitos de la selección uruguaya venían de que la Federación había vuelto a dar cómo válidas dos palabras que habían estado tachadas en el diccionario: proyecto y proceso.

Qué bien me cae ese Abreu… se nota que es un tipo inteligente. Y tiene razón. Al final todo se basa en que esas dos palabras tengan un buen apoyo detrás. En mi caso, tengo el enorme privilegio de que mi familia come de mis libros, pero no nos vamos a volver ricos. En caso de que existiese ese peligro, sí podrían llegar las prisas o las exigencias. Yo antes publicaba en una editorial pequeña, Galerna, y con el tiempo, tuve la oportunidad de publicar en alguna de las grandes que se manejan aquí, con la ventaja de que Alfaguara publica a escritores y les interesa tu carrera, no si vendes mil libros más o menos. Y por eso publico ahí, porque mi idea no es convertirme en Rowling o Zafón. (NdR: Me gusta Zafón. Me gustó mucho La sombra del viento, aunque no me gustó el segundo, y el tercero me gusta, aunque siento que deja las cosas demasiado hechas para un cuarto).

Ahora que ya tienes una función de escritor, ¿cómo es tu rutina?

En general, siempre yo escribo una cosa. Es decir, que me centro en una sola idea, no como otros autores, que tienen la capacidad de hacer varias a la vez. En mi caso estoy siempre con un proyecto en escritura, y eso hace que todos los días me tome dos o tres horas libres para intentarlo. En mi casa, en un café, con un cuaderno, y a tratar de que salga algo. Y si no sale, siempre aprovecho para leer. Si ese día no sale nada, listo, me pongo a leer y ya está. Pero siempre tengo una serie de ideas que están como proyecto. Las voy manejando, las traigo, las doy una vuelta y finalmente termino dejándolas en una especie de repisa mental. Por eso, cuando termino con el proyecto que tengo entre manos, vuelvo a la repisa, y digo: ¿cuál es el siguiente? Empecemos a ponerlo en papel. Y ese es más o menos mi estilo de trabajo. A  mí me rinde mucho más tratar de dedicarle un rato de lunes a viernes, cada día, establecer una rutina, que decir: jueves o sábado, todo el día con ello. Ojo, hay momentos en que necesito lo de todo el día, pero suele ser cuando estoy en el embrión final de concretar la escritura, que estoy las horas que haga falta, porque lo disfruto y lo necesito. Pero eso no incluye los fines de que semana, que son de mi familia y de esos hijos de puta de Independiente (risas).

 ¿Piensas mucho en cuál será tu proceso natural como escritor?

¿La verdad? Pienso en seguir así. Escribiendo mis novelas y continuando haciendo cosas para el cine. Cuando me refiero al cine, lo estoy haciendo porque es un mundo donde me topé con gente muy honesta, como Campanella o Taratuto, con el que vamos a llevar al cine Papeles en el viento. Sí, le gustó la novela y escribimos el guión juntos. Yo valoro mucho encontrar gente buena, simple. Buena gente para trabajar con ellos. Y mientras esto siga así, seguiré trabajando en cine con esta gente buena. Por otro lado, yo siento que lo mío es escribir ficción. Libros y novelas. Me gusta dar clases de historia.., ¿qué puedo pedirle a la vida, excepto que estos hijos de puta suban el año que viene?

¿Qué te aporta el trabajo como profesor de Historia?

Primero, que es un lindo contrapeso porque el trabajo de escritor es para dentro, introspectivo, ensimismado, silencioso y solitario, mientras que la docencia es grupal, afectiva y sentimental. Hay un montón de sentimientos puestos en juego en la enseñanza. Son muchos años dando clases de Historia a adolescentes, con lo que eso supone. Enfrentarse a seres frontales, que tienen todo lo que son y lo que sienten a flor de piel y te exigen todo el tiempo. Me encanta.

Supongo que habrá bromitas con Independiente.

No, porque saben que la nota a fin de trimestre las pongo yo y hay un límite que es el examen, y puede que no lo aprueben nunca. Además, como yo tengo la precaución de no meterme con el rival… no te atrevas a hacerlo conmigo. Es algo que respeto mucho, y es por lo cual a mí me interesa mucho enterarme por qué cada cual es hincha del cuadro que es, porque en general cuando le preguntas eso a alguien, está vinculado a algo muy profundo; a un afecto con su padre, con su madre, o una escena que le deslumbró. Cuando tú lo cargas, estás metiendo el dedo ahí. Por eso, en mi caso, no te metas con Independiente.

Hace unas semanas, el técnico de Estudiantes de la Plata, Mauricio Pellegrino, decía que el problema en Argentina no es del fútbol, es de la sociedad.

Sí, me parece que vivimos en una sociedad violenta, intolerante, egoísta, extremadamente individualista, impaciente, y un montón de cosas más. Fíjate cómo conducimos, por ejemplo. Creo que todo eso se ve de una manera privilegiada en el fútbol, que lo exhibe de manera descarnada. No es que seamos una sociedad sana con un fútbol enfermo y violento. Tenemos un fútbol enfermo y violento. No es que yo me quede tranquilo con que eso sea así. No es que la sociedad deba cambiar para cambiar también el fútbol. No. Debe cambiar de todos modos. Lo que hace que te encuentres con otro grave problema: nos cuesta mucho cumplir la ley. El otro día sin ir más lejos, 20 imbéciles de Independiente rompieron todo en la tribuna del Monumental, y se los veía de cuerpo entero, podrían haberlos identificado fácilmente… Hay una sensación de impunidad contra la que es muy difícil luchar. Hay un montón de gente que vive bajo la cultura del aguante, aquella que dice que importa más lo que pase con la hinchada que lo que pase en el césped. El sentirse orgulloso porque hiciste quilombo en tal cancha, te pegaste con la hinchada, o robaste tal bandera. Una lástima.

¿Fuiste al fútbol en España?

Sí, ni punto de comparación. Fui el año pasado a ver un partido entre Rayo Vallecano y Real Madrid. Aquel que se suspendió porque no había luz y terminó jugándose en lunes. Fui a la platea, normal, con la gente. Y me llamó la atención que cerca de la afición del Rayo había gente con la camiseta del Madrid y saltaba, y gritaba los goles de su equipo. Y todo eso con un respeto máximo comparándolo con lo que hubiese sido acá. Gente hablando de fútbol, conversando, discutiendo… Me sentí feliz.

 
Borja de Matías – Buenos Aires
FUENTE: WWW.ELDIARIO.ES 7 DE E NERO DE 2014
http://www.eldiario.es/libero/Futbol-Libero-Futbolin-Argentina-Cine_6_208989106.html

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