Cuéntame un gol

Cuentos de fútbol

Carta de despedida de Xavi H. a L. Aragonés

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“Usted no es japonés, usted me entiende lo que le digo”. Me dijo una noche. Le estoy viendo, en la habitación de un hotel y sé que le echaré de menos. Mucho. Porque yo a Luis Aragonés le quería mucho. Y con Luis hablé mucho.

Sabía que no estaba fino, pero nunca pensé que tenía algo tan grave, que se iba a ir tan pronto, tan rápido, de esta manera. “Estoy bien, estoy bien”, me decía cuando le preguntaba. Hablaba de vez en cuando con él, porque para mí siempre, desde el día que le conocí, fue un referente absoluto. Supongo que es el entrenador con el que más horas he pasado hablando de fútbol. Subía a la habitación y hablábamos horas, a veces del estilo “esa es la clave, Xavi, saber a qué queremos jugar”, siempre de la importancia de juntar a los buenos en el campo y también de lo importante que era no tener miedo a nadie, a ningún equipo, por mucho que corran más. “Usted y yo sabemos que la pelota corre más que ellos. Y que la tocamos mejor que ellos”, me dijo. De Luis tengo los mejores recuerdos de una charla, de un encuentro por los pasillos, de una aparición en el comedor, porque siempre te dejaba algo. Y siempre tenía razón, siempre.

Luis iba de cara; te miraba en el entrenamiento, se acercaba y te decía: “Usted está haciendo el jeta, ha venido a entrenarse y no le veo. ¡A mí no me gustan los jetas!”. Y se iba. Luis nunca engañaba, iba de cara. “Tú no juegas porque has dado pena esta semana”, “¿Estás cansado o qué?”, “Hoy has estado fantástico, esta semana lo vas a bordar”. “¿Se cree que yo me chupo el dedo, que soy gilipollas?” Así era Luis, cercano, de verdad.

El otro día recordé una anécdota de la primera vez que me convocó para la selección. No me había llamado a la primera convocatoria y en septiembre, nada más llegar, me estaba esperando. “¿Qué pensaba usted? ¿Que el hijo de puta del viejo no lo iba a traer, eh?”. Y yo, acojonado, le dije: “No, no, en ningún momento he pensado algo así, míster”. Y él, puro Luis, me dijo: “Sí, sí, sí, a mí me va a engañar. Venga, para arriba y ya hablaremos”. Y hablamos ese día y mil horas.

Luis es fundamental en mi carrera y en la historia de La Roja. Sin él, nada hubiera sido lo mismo, imposible. Con él empezó todo, porque nos juntó a los pequeños, Iniesta, Cazorla, Cesc, Silva, Villa… Con Luis hicimos la revolución, cambiamos la furia por el balón y le demostramos al mundo que se puede ganar jugando bien. Si no ganamos la Eurocopa no hubiéramos ganado el Mundial, claro que en ese sentido, fue fundamental la llegada de Del Bosque, otro fenómeno.

A Luis le dieron mucha caña pero fue él quien marcó el camino, quien le dio a España el estilo que tiene hoy. En eso, siempre coincidimos. Fue Luis quien vio lo que había y apostó por bajitos. “Voy a poner a los buenos, porque son tan buenos que vamos a ganar la Eurocopa”. Y la ganamos. Fue inteligente y muy valiente.

En lo personal, Luis me hizo sentir importante cuando mi autoestima era un desastre. Me dio el mando de la selección cuando no lo tenía ni en el Barça. “Aquí manda usted”, me dijo, “y que me critiquen a mí”. Decidí devolverle la confianza en el campo. Si fui elegido el mejor jugador de la Eurocopa fue por él, aunque él siempre me lo negaba. Conmigo tuvo detalles inolvidables. A Alemania no llegué bien, pero me esperó. Venía a verme a Barcelona, preocupado por mi rodilla. Vino Paredes [preparador físico] a subir a La Mola mientras me recuperaba… Luis me llamaba cada dos por tres. “Apriete Xavi, no se duerma que le espero”.

La palabra fútbol en el diccionario tendría que llevar al lado la foto de Luis. Luis es el fútbol hecho hombre, el fútbol hecho persona.

Hasta siempre, míster. Y gracias por todo. Y que lo sepa: usted y yo nunca fuimos japoneses.

El País. 1 de febrero de 2014. Míster nunca fuímos japoneses.

http://deportes.elpais.com/deportes/2014/02/01/actualidad/1391284340_205577.html

Tres goles

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Recuerdo muy bien la tarde del domingo 2 de julio de 1950. Por el ventanal de un bar llegaba hasta la plaza del pueblo la voz patriótica de Matías Prats, que radiaba el partido de España contra Inglaterra desde el estadio de Maracaná en Río de Janeiro. En ese momento un chaval de mi edad me hacía una demostración con lo que a simple vista parecía una estilográfica. Le quitó el capuchón y me pidió que escribiera cualquier cosa sobre un papel. Entonces se oyó un grito desaforado: !!gol de Zarra!! Solo se me ocurrió escribir lo que acababa de oír: “Zarra ha marcado un gol”. Mi amigo me dijo que pasara la mano sobre la tinta. En efecto, aquella tinta no manchaba. Era el primer bolígrafo. El gol de Zarra y aquellas letras imborrables escritas con un bolígrafo serían siempre para mí el mismo milagro. Mucho después, el 21 de junio de 1964 se jugaba la final de la Copa de Europa entre España y la Unión Soviética en el Bernabéu con Franco en el palco. El poeta Blas de Otero había dicho: “Tanto tiempo esperando que llegaran los soviéticos a salvarnos y vienen a dar patadas a un balón”. La grada del fondo sur estaba cuajada de policías de la secreta. En el minuto 84 se produjo el gol triunfal de Marcelino. En medio del delirio explosivo a mi lado hubo un español que no aplaudió. Su actitud reacia produjo cierto altercado y de pronto un policía de la brigada social salió del anonimato y lo trincó por el cuello. “Pero, ¿qué he hecho yo?”, gritaba aquel ciudadano. No aplaudir”, gruñó el policía llevándolo preso. Años después, el 7 de julio de 2010, en un café de Marrakech había un centenar de espectadores, yo entre ellos, viendo en televisión la final del campeonato Mundial entre España y Holanda. “Tu estar español”, me decían, de modo que ante el gol de Iniesta, de repente, varios marroquíes se abalanzaron sobre mí con gran euforia para abrazarme. Con mucha angustia yo les gritaba: “¡Dejadme, que yo no he hecho nada!”. Solo me libraron de morir asfixiado cuando grité también ¡viva España! De los tres goles he sacado tres lecciones: escribir siempre de lo que uno sabe, aunque sea con bolígrafo; hacer lo posible para no tener que aplaudir a nadie por obligación o necesidad; no ser nunca un patriota para no perecer ahogado por la Victoria.

Manuel Vicent.

Publicado el 2 de marzo de 2014. El País (opinión).

http://elpais.com/elpais/2014/03/01/opinion/1393700507_348798.html

“Yo uso el fútbol en la literatura como puerta de entrada a otras cosas más importantes”

Eduardo Sacheri

  • La sensación es que ha ido todo demasiado rápido, demasiado inesperado. Cuando Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967), buscaba plasmar en un papel todas aquellas cosas que uno siente que tiene que ordenar cuando está llegando a la treintena, no imaginaba que meses más tarde, aquellas historias, narradas en forma de cuentos, se harían populares gracias a un programa de radio.
  • Varios años después, puede presumir de haber ganado un Óscar por el guión de ‘El secreto de sus ojos’, varias novelas exitosas y de un equipo que acaba de descender a Nacional B. El escritor nos habla de ‘Futbolín’ (Metegol en la versión original argentina) para la que ha trabajado como guionista en la adaptación al cine por el director Juan José Campanella de un cuento de Fontanarrosa.

Once tipos que viven condenados a entenderse en un campo de fútbol de madera. ¿No es demasiado cruel?

Todo parte de la mente de Fontanarrosa, así que las culpas a él (risas). Es un pequeño cuento, pero se trata sobre todo de una inspiración. De ahí, nosotros robamos una pequeña idea que es la de que los jugadores están vivos. Sienten, piensan, se emocionan…pero dentro de ese Metegol, o futbolín, como decís vosotros. Su vida, claro está, no va más allá de jugar al fútbol todo el rato. Pero, ¿qué pasaría si de pronto ese Metegol se destruye y quedan lanzados al mundo real? ¿Cómo es eso de aprender a vivir fuera del Metegol?

Como aquellos jugadores que viven en su burbuja de futbolistas profesionales, y cuando terminan la carrera se dan de bruces con la realidad.

Es cierto, pero lo que tiene de distinto es que estos tipos son veintidós que están destinados a amarse u odiarse siempre. No conocen otra cosa. Son ellos contra el mundo.

En la película ejerces de guionista.

Sí. Es un proyecto que tiene como cinco o seis años de antigüedad. Cuando se estrenó El secreto de sus ojos allá por 2009, nos juntamos un día a comer con Campanella y me dijo: “Tengo este otro proyecto y tenemos un guión más o menos hecho”. Eran Campanella, Ángel Kutchevasky, que es un tipo de cine que trabaja en Canal Once, y Gastón Gorali. Habían hecho un guión pero no terminaba de convencerles. Lo habían hecho únicamente para presentarlo y atraer productores. Darle una viabilidad al proyecto. Me lo pasaron, y a mí tampoco me gustó, porque en realidad le faltaba mucho fútbol. Y Campanella me dice: “A ti que te gusta el fútbol…”.

¿A él no le gusta?

Le atrae la cultura popular, el interés que provoca en la gente, las pasiones que genera alrededor, pero no sabe de fútbol, no le gusta, no mira y no juega. Por eso me dijo: “Por qué no le das una vuelta…”. Así es como trabaja él. No dice: ‘Yo hice el guión y por lo tanto es mi película y se hace como yo quiera’. En realidad era un guión de fútbol hecho por tipos a los que no les gustaba el fútbol. Y de ahí hasta ahora. Estrenamos el 18 de julio en Argentina y poco después en España.

Han despojado al fútbol de un montón de matices. Antes importaban los cómos, ahora ya no importan. Importa si ganas o si pierdes, si tienes éxito o fracasas, no importa si juegas bien o juegas mal

Esperándolo a Tito fue uno de tus primeros cuentos, ¿te acuerdas, o te queda ya muy lejos?

Me acuerdo perfectamente, no hace demasiado. Lo que sucede es que han pasado muchas cosas en un corto periodo de tiempo. Todo lo que me ha pasado con la literatura me suena muy a azar, porque yo me puse a escribir cuentos para ordenar mi propia cabeza y de repente esos cuentos empezaron a hacerse conocidos en la radio y a publicarse. Eso generó una popularidad que yo no pensaba inicialmente. Después, Campanella me propone tomar una novela mía, hacemos El secreto de sus ojos,  y la película explota y la ve un montón de gente y gana un Oscar… fue una locura maravillosa. En realidad toda esta carrera es absolutamente impensada para mí.

A pesar de todo, hay gente que te sigue encasillando en los cuentos de fútbol, ¿Te molesta?

Aquí en Argentina somos muy dados al encasillamiento, como si pareciera molestarnos la complejidad y prefiriésemos decir, fulano, igual a tal cosa; mengano, igual a esta otra. Te doy el ejemplo de Fontanarrosa, que es al que más se le asocia a los cuentos de fútbol. Debe tener 200 cuentos en total y de esos, veintitantos que son estupendos cuentos de fútbol, pero parece que no hizo otra cosa en su vida. No. Es un gran escritor, que también escribió cuentos de fútbol. No digo que yo sea un gran escritor, pero al menos, escribo otras cosas. También me encanta escribir cuentos de fútbol, porque me sirven como puerta de entrada a otras cosas que a mi criterio son más profundas que el simple fútbol, que creo que es como usamos el fútbol muchos de nosotros. Yo uso el fútbol en la literatura del mismo modo que lo uso en mi vida, como puerta de entrada a otras cosas. Para vivir cosas más importantes, para entender, para aceptar y comprender que siempre hay otras realidades.

Uno no es el mejor en la victoria, ni el peor en la derrota. ¿A relativizar quizá?

Exacto. Yo creo que sin duda la vida debe ofrecer otros caminos para lo mismo, lo que pasa es que si te gusta el fútbol, lo tienes muy a mano, sobre todo acá. Cuesta mucho separar lo que le pasa a uno como persona de lo que le pasa a tu equipo.

Aquello de que es imposible sentir que te va bien si a tu equipo le está yendo mal.

Es que no te va del todo bien… de algún modo cuesta mucho tapar esa mancha. En este momento, por ejemplo, yo te puedo decir que me va bárbaro; personalmente mis hijos crecen bien, mi mujer y yo tenemos trabajo, profesionalmente me está yendo muy bien, viene ahora una película como Metegol que muy probablemente funcione, y sin embargo a Independiente le va mal. Y si a Independiente le va mal, mi felicidad no puede ser completa. Siempre pongo el mismo ejemplo: el día de la ceremonia de entrega de los Oscar, estaba en la habitación del hotel, completamente preparado, esperando a Campanella y Darín mientras mi hijo me iba poniendo al tanto a través de mensajes de texto de cómo iba Independiente frente a River. River nos tiene tomada la medida, pero de pronto, gol de Farías, uno cero. Otro gol… dos cero. Terminamos ganando ese partido, pero yo sé que si lo hubiésemos perdido, en algún momento de la noche me hubiera olvidado del fervor y la alegría del premio y me hubiera apoyado junto a una columna pensando: estos hijos de puta, cómo perdieron hoy… Es imperdonable, pero es así.

¿Cómo llevas la tragedia del descenso?

Aprendiendo. Comentabas esto antes de aprender a perder, y en esas estamos. Creo que esta nueva situación te enseña muchas cosas y te permite formularte muy buenas preguntas, porque cuando ganas, por lo general, no te sueles hacer ninguna.

¿Por ejemplo?

Me ha permitido ver cuánta gente no sabe ganar. El descenso de Independiente ha despertado la bestia de los hinchas de otros clubes que demuestran lo peor que tenían dentro. Y pienso: mira cuánto nos odiaban. Y piensas, ¿cómo debe haber sufrido este tipo aguantando nuestros buenos momentos y sufriendo sus miserias? Gente que juega conmigo al fútbol desde hace 20 años y dices: mira lo que tenía dentro este hijo de puta. Y he aprendido que lo esencial es estar. Estar en el sentido de participar en lo que puedas. Independiente es uno de los clubes con más socios en el mundo, y eso me da orgullo. Es como decir, ¿dónde voy a anclar mi orgullo? No lo voy a anclar en mis victorias, lo voy a anclar en esto. En decir que Independiente, en este caso, va a tener más socios que en la temporada en la que descendió.

Bueno, eso le pasó al Atlético de Madrid, que descendió, y la pasión se multiplicó de un modo desconcertante.

Es que la derrota tiene una épica especial. A pesar de que obviamente no elijo irme al descenso y me gustaría no irme, creo que Independiente va a volver y va a regresar fortalecido. Me parece que esos matices de gris en lo que nos hemos movido nos han hecho más grandes que este negro profundo que supone jugar en el ascenso. Obviamente, Independiente tendrá que volver muy rápido para capitalizar esa tragedia, porque si eterniza en el ascenso… Bah, no lo quiero ni pensar. Espero que éste sea el fondo.

Literariamente, ¿qué te sugiere esta situación?

Yo escribo habitualmente una columna en ‘El Gráfico’, y es obvio que las de los últimos meses han tenido que ver con el tema. Para que genere ficción es más complicado. Requiere otros tiempos, otro sedimento, otra madurez de las cosas. También pasa que me cuesta mucho escribir de mi pasión, de mi equipo. Me siento mucho más cómodo con el fútbol en general. De hecho, en la mayoría de mis cuentos o relatos, hablo de clubes ficticios porque no quiero cargar al lector. Me sentiría muy expuesto si hablase de mi club. Me animé en Papeles en el viento, pero lo hice porque la situación hablaba de un equipo que estaba en las malas, como perdedor. Para mí, eso es un código básico: cuando estás en la buena, no debes hablar, del mismo modo que si yo voy y te gano, tampoco tengo nada que decir. Sólo tengo derecho a cargarte, a burlarme de ti, en la mala mía.

Bueno, justamente lo contrario a la realidad. ¿Llegó hasta aquí el tema Mourinho o Guardiola, Madrid o Barcelona, vida o muerte?

Sí… (suspira). Ojalá no nos pase a nosotros. La única ventaja que veo es que aquí no pasa. Uno desde fuera se pregunta: ¿y los demás para qué juegan? Juegan para ser terceros. Me pasó hace poco, cuando me estaban haciendo un reportaje en Sevilla. Uno era del Sevilla y otro del Betis, y me comentaron que para ellos su máxima aspiración era quedar entre los cuatro primeros. Ni siquiera me dijeron que soñaban con ver a su equipo campeón. Eso aquí no pasa. Por otro lado, dos clubes tan poderosos como el Barcelona y el Madrid, que finalmente son dos selecciones mundiales tienen que disputar su propio campeonato, que para ellos es la Champions. Pero la Liga española me parece que se ha empobrecido totalmente. Eso para mí no está bien. ¿Cuántos años hace que esto es así?

No sé, varios. Supongo que hace diez años no era así. El Deportivo ganó una Liga, el Valencia dos… todo era más normal.

¿Influye el tema de los derechos televisivos entonces?

La prensa se empeña en hacer una disputa Madrid-Barcelona diaria porque han llegado a la conclusión que es lo que vende (y seguramente sea así).

Bueno, ese rol negativo de la prensa también ocurre en Argentina y lo detesto. No en este punto de polarización, porque aún así Boca y River han hecho las cosas tan mal que han logrado que les vaya mal en alguna ocasión pese a tener muchos más apoyos. Aun así me parece que el discurso polarizado de los medios televisivos, ese de si vendes bien, y si no, se pudre todo, ha terminado recayendo sobre el fútbol. Han despojado al fútbol de un montón de matices. Antes importaban los cómos, ahora ya no importan. Importa si ganas o si pierdes, si tienes éxito o fracasas, no importa si juegas bien o juegas mal, y tampoco existe el medio plazo, el siembro ahora a ver qué recojo después. Al final, los medios, casi sin querer, han terminado imponiendo el ahora, la urgencia por encima de todo.

Recientemente, en un viaje a Montevideo, charlaba con Sebastián Abreu, y me comentaba que buena parte de los últimos éxitos de la selección uruguaya venían de que la Federación había vuelto a dar cómo válidas dos palabras que habían estado tachadas en el diccionario: proyecto y proceso.

Qué bien me cae ese Abreu… se nota que es un tipo inteligente. Y tiene razón. Al final todo se basa en que esas dos palabras tengan un buen apoyo detrás. En mi caso, tengo el enorme privilegio de que mi familia come de mis libros, pero no nos vamos a volver ricos. En caso de que existiese ese peligro, sí podrían llegar las prisas o las exigencias. Yo antes publicaba en una editorial pequeña, Galerna, y con el tiempo, tuve la oportunidad de publicar en alguna de las grandes que se manejan aquí, con la ventaja de que Alfaguara publica a escritores y les interesa tu carrera, no si vendes mil libros más o menos. Y por eso publico ahí, porque mi idea no es convertirme en Rowling o Zafón. (NdR: Me gusta Zafón. Me gustó mucho La sombra del viento, aunque no me gustó el segundo, y el tercero me gusta, aunque siento que deja las cosas demasiado hechas para un cuarto).

Ahora que ya tienes una función de escritor, ¿cómo es tu rutina?

En general, siempre yo escribo una cosa. Es decir, que me centro en una sola idea, no como otros autores, que tienen la capacidad de hacer varias a la vez. En mi caso estoy siempre con un proyecto en escritura, y eso hace que todos los días me tome dos o tres horas libres para intentarlo. En mi casa, en un café, con un cuaderno, y a tratar de que salga algo. Y si no sale, siempre aprovecho para leer. Si ese día no sale nada, listo, me pongo a leer y ya está. Pero siempre tengo una serie de ideas que están como proyecto. Las voy manejando, las traigo, las doy una vuelta y finalmente termino dejándolas en una especie de repisa mental. Por eso, cuando termino con el proyecto que tengo entre manos, vuelvo a la repisa, y digo: ¿cuál es el siguiente? Empecemos a ponerlo en papel. Y ese es más o menos mi estilo de trabajo. A  mí me rinde mucho más tratar de dedicarle un rato de lunes a viernes, cada día, establecer una rutina, que decir: jueves o sábado, todo el día con ello. Ojo, hay momentos en que necesito lo de todo el día, pero suele ser cuando estoy en el embrión final de concretar la escritura, que estoy las horas que haga falta, porque lo disfruto y lo necesito. Pero eso no incluye los fines de que semana, que son de mi familia y de esos hijos de puta de Independiente (risas).

 ¿Piensas mucho en cuál será tu proceso natural como escritor?

¿La verdad? Pienso en seguir así. Escribiendo mis novelas y continuando haciendo cosas para el cine. Cuando me refiero al cine, lo estoy haciendo porque es un mundo donde me topé con gente muy honesta, como Campanella o Taratuto, con el que vamos a llevar al cine Papeles en el viento. Sí, le gustó la novela y escribimos el guión juntos. Yo valoro mucho encontrar gente buena, simple. Buena gente para trabajar con ellos. Y mientras esto siga así, seguiré trabajando en cine con esta gente buena. Por otro lado, yo siento que lo mío es escribir ficción. Libros y novelas. Me gusta dar clases de historia.., ¿qué puedo pedirle a la vida, excepto que estos hijos de puta suban el año que viene?

¿Qué te aporta el trabajo como profesor de Historia?

Primero, que es un lindo contrapeso porque el trabajo de escritor es para dentro, introspectivo, ensimismado, silencioso y solitario, mientras que la docencia es grupal, afectiva y sentimental. Hay un montón de sentimientos puestos en juego en la enseñanza. Son muchos años dando clases de Historia a adolescentes, con lo que eso supone. Enfrentarse a seres frontales, que tienen todo lo que son y lo que sienten a flor de piel y te exigen todo el tiempo. Me encanta.

Supongo que habrá bromitas con Independiente.

No, porque saben que la nota a fin de trimestre las pongo yo y hay un límite que es el examen, y puede que no lo aprueben nunca. Además, como yo tengo la precaución de no meterme con el rival… no te atrevas a hacerlo conmigo. Es algo que respeto mucho, y es por lo cual a mí me interesa mucho enterarme por qué cada cual es hincha del cuadro que es, porque en general cuando le preguntas eso a alguien, está vinculado a algo muy profundo; a un afecto con su padre, con su madre, o una escena que le deslumbró. Cuando tú lo cargas, estás metiendo el dedo ahí. Por eso, en mi caso, no te metas con Independiente.

Hace unas semanas, el técnico de Estudiantes de la Plata, Mauricio Pellegrino, decía que el problema en Argentina no es del fútbol, es de la sociedad.

Sí, me parece que vivimos en una sociedad violenta, intolerante, egoísta, extremadamente individualista, impaciente, y un montón de cosas más. Fíjate cómo conducimos, por ejemplo. Creo que todo eso se ve de una manera privilegiada en el fútbol, que lo exhibe de manera descarnada. No es que seamos una sociedad sana con un fútbol enfermo y violento. Tenemos un fútbol enfermo y violento. No es que yo me quede tranquilo con que eso sea así. No es que la sociedad deba cambiar para cambiar también el fútbol. No. Debe cambiar de todos modos. Lo que hace que te encuentres con otro grave problema: nos cuesta mucho cumplir la ley. El otro día sin ir más lejos, 20 imbéciles de Independiente rompieron todo en la tribuna del Monumental, y se los veía de cuerpo entero, podrían haberlos identificado fácilmente… Hay una sensación de impunidad contra la que es muy difícil luchar. Hay un montón de gente que vive bajo la cultura del aguante, aquella que dice que importa más lo que pase con la hinchada que lo que pase en el césped. El sentirse orgulloso porque hiciste quilombo en tal cancha, te pegaste con la hinchada, o robaste tal bandera. Una lástima.

¿Fuiste al fútbol en España?

Sí, ni punto de comparación. Fui el año pasado a ver un partido entre Rayo Vallecano y Real Madrid. Aquel que se suspendió porque no había luz y terminó jugándose en lunes. Fui a la platea, normal, con la gente. Y me llamó la atención que cerca de la afición del Rayo había gente con la camiseta del Madrid y saltaba, y gritaba los goles de su equipo. Y todo eso con un respeto máximo comparándolo con lo que hubiese sido acá. Gente hablando de fútbol, conversando, discutiendo… Me sentí feliz.

 
Borja de Matías – Buenos Aires
FUENTE: WWW.ELDIARIO.ES 7 DE E NERO DE 2014
http://www.eldiario.es/libero/Futbol-Libero-Futbolin-Argentina-Cine_6_208989106.html

I Concurso internacional de relatos Primavera Blanca

I Concurso internacional de relatos cortos

I Concurso Internacional de relatos cortos Primavera Blanca

“El Real Madrid contado por los madridistas”

Antecedentes

Primavera Blanca se asienta sobre diferentes pilares: la defensa de la universalidad del Real Madrid C.F., la meritocracia y el orgullo de ser madridista. Este último punto es muy importante, debido a que el relato y el discurso sobre qué significa y qué es ser madridista ha estado monopolizado por agentes con intereses ajenos al Club.

La propia condición de Club abierto, libre y neutral en causas políticas ha tenido una consecuencia negativa. Frente a la capilaridad ideológica que se observa en otros clubes adversarios directos, el Real Madrid ha fracasado en la necesaria labor de involucrar a la sociedad civil y la comunidad cultural en la elaboración del discurso y relato del Club. De este modo encontramos que la producción literaria, cinematográfica y artística de temática relacionada sobre el Real Madrid es escasa y de desigual calidad. Salvo contadas excepciones, los exiguos esfuerzos pertenecen exclusivamente a trabajos periodísticos individuales, donde el criterio comercial aparece como motor principal de la iniciativa.

El resultado: Sin historia oficial, sin discurso oficial, pero también sin historia popular ni discurso popular, el relato del Real Madrid es propiedad exclusiva de la propaganda del adversario y de los intereses comerciales de terceros. La propaganda negra del rival se ha convertido en discurso y relato oficioso del Real Madrid y busca deslegitimar la toma de decisiones propias basándose en un “acervo de valores madridistas” el cual sólo ellos han creado y que no corresponde a la realidad histórica.

El papel de Primavera Blanca

Primavera Blanca ha surgido , entre otras razones, para estimular la eclosión de una sociedad civil madridista que con el impulso de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación está sacando a la luz ideas, inquietudes y manifestaciones al margen, o incluso opuestas, al mencionado discurso oficial.

Nuestra asociación reconoce la importancia de los esfuerzos que se puedan realizar por otras asociaciones del Real Madrid y por parte del propio Club y la Fundación Real Madrid para celebrar simposios y encuentros que estimulen la consolidación de un discurso oficial madridista elaborado por madridistas.

Por ello, la Asociación quiere colaborar en impulsar este aggiornamento y llevar a cabo iniciativas específicas con ese fin. Dichas iniciativas quedan encuadradas dentro un objetivo general que es claro y contundente: Que el relato del Club sea obra de los madridistas.

La Asociación por el Orgullo y la Independencia del Real Madrid Primavera Blanca crea y convoca el I Concurso Internacional de Relatos Cortos Primavera Blanca “El Real Madrid contado por los madridistas”, con el propósito de fomentar un mayor conocimiento de las señas de identidad madridista, mediante producción propia cultural.

BASES:

http://www.primaverablanca.com/i-concurso-internacional-de-relatos-cortos-primavera-blanca/

Enterrad mi corazón en Riazor

Estadio Riazor

Estaba de viaje. El taxista, cosa extraña, llevaba la radio apagada. Fue quizá ese silencio, y el braceo galaico del limpiaparabrisas bajo la lluvia, el que me hizo conectar la memoria con el departamento de Asuntos Pendientes. Le pregunto entonces al silencioso conductor si sabía cómo había quedado el Deportivo. ‘¿Es usted gallego?’ Sí, de Coruña. ‘¿Y no ha visto este partido?’. Había enfatizado el este; como si fuera la primera vez en su vida que usaba tal herramienta al hablar. Tenía que haber ocurrido algo muy extraño en Riazor. No, musité intimidado. No lo he visto. Por eso le pregunto. Y el conductor frenó el coche como un gaucho su caballo y me clavó la mirada como quien mira no a un hombre solo sino a sólo medio hombre: ‘Pues no tiene usted perdón de Dios’.

El Deportivo-Paris Saint Germain fue una película. No lo digo como recurso retórico. En la noche del miércoles, después de ver la repetición del partido por La 2, en la habitación del hotel, caí en la cuenta que lo que había visto en realidad era una de John Ford. Lo ocurrido en Riazor era, al tiempo, un rodaje y una proyección. La pantalla del televisor nos permite ahora desmenuzar la perfecta estructura fílmica del encuentro. Su carácter de odisea en un escenario límite del Oeste. Una primera parte de tempestad, de adversidades impías, de penalidades sin cuento. A punto de sucumbir, la aparición de un factor que desafía el infortunio y da paso, con acción trepidante, al desmontaje de la fatalidad y a un final feliz e inesperado.

El elemento providencial en este filme fue la cabeza de Pandiani. En un pub del barrio londinense de Kilburn hay en la pared una leyenda que reza: ‘Tenía una mente privilegiada para el fútbol, pero las ideas no le llegaban a los pies’. Pandiani demostró que, también en el fútbol, el lugar más cercano a las ideas es la cabeza. Y no había tiempo que perder esperando que llegasen al dedo gordo.

Los primeros planos mostraban la veracidad del cuerpo a cuerpo, sangre y barro en las rodillas, eso que distinguirá siempre al fútbol de otros deportes de inmaculada concepción. El filósofo Sartre, que era de París y tomaba café en Saint Germain, dijo en una ocasión: ‘El fútbol tiene un problema y es que el equipo contrario existe’. Con el Deportivo sucede justo al revés. Juega bien gracias al problema, a la existencia del contrario. El Deportivo se complica la vida cuando cree que juega contra el Destino, ese ente invisible, pero hace maravillas cuando descubre al adversario. En los partidos contra el Destino, el Deportivo se obsesiona tanto con la portería que sólo ve los palos y todos los balones van al larguero. Empieza a meter goles cuando divisa a un tipo en la portería. Al adelantarse con tres goles, los parisinos ya no podían disimular. Existían. Iban a vencer. Y el Deportivo se puso entonces a las órdenes de John Ford. Cada jugador parecía decir: ‘Enterrad mi corazón en Riazor’.

Al igual que hay una psicología del paisaje, hay una psicología de los campos de fútbol. Estadios o recintos modestos, algo va quedando de tanto sentimiento, por más que a veces nos parezca absurdo. Riazor es un estadio marino. Un sedimento de memorias mecidas por el mar, con sus naufragios, luchas por la supervivencia y felices arribadas. Lo de la noche del miércoles fue una heroica travesía a contraviento. Después de esto, Riazor debería aparecer en la cartografía náutica como la isla donde se reinventó el fútbol una noche de tempestad del año 2001.

Manuel Rivas (9 de marzo de 2001) diario El país.

Recomendaciones de Juan Villoro

Juan Villoro¿Qué letras sobre fútbol recomienda?

Fútbol a sol y sombra‘, de Eduardo Galeano; ‘Fútbol: una religión en busca de un dios‘, de Manuel Vázquez Montalbán; la novela ‘Soñé que la nieve ardíade Antonio Skármeta; el cuento ‘Puntero izquierdo‘, de Mario Benedetti; los libros que, desde el conocimiento del fútbol, ha escrito Jorge Valdano. Desde el punto de vista periodístico, me gustan mucho las ‘Historias del calcio‘, de Enric González; ‘Boquitas‘, la biografía del Boca Juniors, que escribió Martín Caparrós; las crónicas de Santiago Segurola y Nelson Rodríguez, quien bautizó a Didí como “el príncipe”.

Entrevista publicada en 
http://www.eldiario.es/libero/Futbol-Mexico-Villoro-Libero-Cultura-Barcelona-Messi-Cristiano_Ronaldo_6_176792321.html 
(Autora: Mariana Linares)
21 de septiembre 2013 
http://www.eldiario.es

“Como si fuera su mujer”

Pepe Mel, el novelista español recién nombrado entrenador del West Bromwich Albion, dijo esta semana que quería que sus nuevos jugadores cuidaran la pelota “como si fuera su mujer”. Es decir, que la quisieran, respetaran y mimaran. La aclaración es necesaria en un país donde el mismo símil podría tener otro significado. Por tradición, la pelota en el fútbol inglés ha sido muchas veces como una esposa maltratada. No tocarla, mucho menos acariciarla, sino darle una buena patada y adiós.

(John Carlin)

Milene Domingues

Tía Lila (Daniel Moyano)

Pobre tía Lila con su vestido blanco, tan alta, tan soltera. Un vestido en el que trabajaron todas las costureras de las sierras para plisarlo y darle esa forma de campana ondulante que tenía todas las tardes tía Lila cuando nos llamaba a rezar. Chicos, dejen ya esa pelota, a lavarse las manos, a frotarse las rodillas, a limpiarse la nariz que vamos a rezar. Un vestido que, de tan plisado que era, ella podía levantarlo o moverlo para cualquier lado sin que se le vieran las rodillas; nunca se acababan los pliegues, ni siquiera cuando tomaba las puntillas del ruedo y alzaba el vestido con sus brazos para ser un pavo real, o juntándolas encima de la cabeza, cerrándose allá arriba las dos puntas, para ser escarapela. O puro remolino si bailaba, el vestido se abría y giraba como el remolino donde se ahogó tío Jacinto. Y qué manera de tener encajes y bordados el vestido de tía Lila. Hilos de todos los colores formando dos grandes mariposas en el pecho, repetidas en las mangas cerradas en los puños con tiritas amarillas, todo encerrando a tía Lila en una gran blancura.

Chicos, hoy nos vamos a Cosquín a visitar al tío Emilio. Y a portarse bien, no llevar las hondas, no matar palomitas de la virgen, no entrampar jilgueros.

Portarse bien con el tío Emilio que es tan bueno que dará leche de cabra, pan con chicharrón y miel de sus panales. Cuidado, chicos, a ser muy juiciosos, a ser prudentes en la casa del tío Emilio tan bueno tan hermoso. Nada de cazar pájaros y clavarles agujas en los ojos, Dios puede castigarlos por eso y dejarlos ciegos para siempre. Aprendan de tío Emilio que es tan bueno y nunca mató pájaros ni les pinchó los ojos. Por eso lo mejor es portarse bien y juntar berro peperina piquillín y chañar para el tío Emilio, sin olvidarse de pedirle la bendición. ¿Y no podemos llevar la pelota? No, eso no, dice tía Lila, porque entonces juegan y gritan demasiado, los gritos ponen nervioso al tío Emilio y además espantan sus abejas.

Que Dios los bendiga mis queridos, dice tío Emilio tocándonos la cabeza. Y ahora vengan a ver mis flores, mis panales, mis cabritos, mis melones, mis jaulas con Siete Colores, mis canteros de margaritas y coronas de novias. No, gracias tío Emilio, queremos ir a la canchita. Bueno hijos, vayan con Dios pero no se junten con los negros, no se peleen ni se insulten. No, nunca tío Emilio, porque Dios está en todas partes y nos está mirando y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Desde la canchita hacemos señas a los negritos del rancherío, que vienen como moscas. Che, ¿no tienen pelota ustedes? Podríamos jugar un partidito. Qué van a tener pelota ellos. Pero hacen señas con los ojos para que miremos el suelo. Y ahí vemos un montón de sapos que han salido del arroyo a buscar bichos, dele saltar por la canchita.

Lo lindo de esto es que la pelota ayuda, se gambetea sola. Linda pelota saltarina para los buenos tiros de voleo. Lo malo es cuando hay que cambiar de sapo. A veces te cortan en pleno avance diciendo che, esa pelota ya no vale, ¿no ves cómo está?, ahora la pelota es ésta. Entonces discutimos mucho, griterío, chicos, qué están haciendo en la canchita por amor de Dios, llega la voz de tía Lila.

Carozo y Titilo han formado dos bandos. Yo en el arco de Carozo, el Beto en el de Titilo. Y hay cuatro negritos para cada bando. Y un montón de sapos, que en cierto modo también son jugadores, alternadamente; ellos, cuando no son pelota, van saltando por la canchita como si jugaran; uno que sube y otro que baja, saltando siempre, desde el arroyo hasta la casa de tío Emilio, justamente hasta sus canteros de coronas de novias, todo es un latir de sapos.

En eso hay un pase alto de Titilo. Un negrito viene a la carrera con intención de cabecear, pero justo a tiempo recuerda la calidad de la pelota y entonces la para con el pecho, no la deja caer al suelo, juega bárbaro el negrito; la frena en la rodilla, la bailotea con la izquierda y tira con la derecha a media altura y muy violento. Yo estoy bien colocado y embolso sin problemas. Pero ahí nomás la suelto, la tiro para atrás por encima del palo, está helada esta pelota, córner gritan varios. Automáticamente voy a buscar la pelota cuando llega la voz de Titilo diciendo que la deje, ya no sirve. Y allá desde el córner con las patas abiertas viene gritando el otro sapo, la panza le blanquea cuando pasa frente al arco, peligro para mí, he salido a destiempo, cuando Carozo salvaba la situación sacando de voleo, un tiro bárbaro que toma de sorpresa al otro arquero, que ni ve la pelota cuando pasa alta junto al poste casi en el ángulo y se estrella no sé dónde y ya estamos uno a cero, nos abrazamos con el Carozo y los negritos.

Chicos, no se ensucien, dice tía Lila debajo de la magnolia. Y dentro de un rato vengan que vamos a rezar todos juntos por el tío Jacinto que está muerto pobrecito.

Nosotros no queremos rezar ni que nos cuenten otra vez la historia del tío Jacinto. Ya nos hemos olvidado de él. Sabemos que tenía bigotes y usaba sombrero aludo porque así está en el cuadro, en la pared.

Es que el remolino lo hundió y lo devolvió tres veces a la superficie, dice siempre tía Lila como si no lo supiéramos, mostrándonos tres dedos blancos, y nadie fue capaz de alcanzarle un palo, una tablita al pobrecito, y a la tercera vez ya no volvió a salir más.

Se ahogó por boludo, decimos siempre con Titilo. Nosotros nos bañamos siempre en los remolinos, es mejor que en aguas mansas. Uno se deja llevar girando para abajo un par de metros, y en el fondo el remolino es un puntito que no tiene fuerza, acaba en cero. Todo lo que hay que hacer es apoyar un pie en el fondo y con el envión salir hacia el costado, y ya se está fuera del giro. Después de nadar hasta la superficie, tomar resuello y otra vez adentro. Como un tobogán, pero más divertido. El remolino no existe en el fondo del río, todo el mundo lo sabe menos el tío Jacinto. Y los que estaban ahí se lo decían: haga un envión cuando esté abajo, señor Jacinto, tenga en cuenta que el remolino lo llevará de abajo hacia arriba tres veces solamente. Se lo decían con palabras y también con señas por si era sordo, pero él nada. En vez de hacer lo que le decían, él también hacía señas con los dedos, y nadie lo entendía por supuesto. Los otros le decían tres, tres dedos le mostraban para que los mirase, y él también mostraba, cada vez que salía, tres dedos, siete dedos, nueve dedos. Tres veces, le decían los otros, pero él nada, haciendo su testamento, tres vacas, siete ovejas, nueve canarios, todo eso se lo dejo a mi querido hermano Emilio. Los bigotes y el sombrero chorreando. Tres veces te perdona el remolino. Pero él nada. Y claro, a la tercera vez el remolino se lo llevó al carajo. Entonces que se joda, decimos siempre con Titilo.

Qué hacés, imbécil, me grita Carozo cuando me dejo meter el gol, cuando no veo al sapo que pasa como un refusilo entre mis piernas, todo por acordarme del tío Jacinto. Menos mal que es gol anulado: la pelota es ésta, dice un negrito que se corta solo para el otro arco, y cuando va a tirar sale Titilo, taponazo, se la quitan y a cambiar de sapo.

Titilo busca el empate como loco y como sabe que yo no sé atajar pelotas altas se remuerde en un tiro demasiado alto que pasa por encima del travesaño; salto todo lo que puedo viendo que el sapo va derechito a lo del tío Emilio, alcanzo a rozar la pelota con las uñas pero no hay caso, se me va, girando como un remolino con la panza para arriba allá lejos se estrella contra la jaula del Siete Colores de mi tío Emilio. Y en seguida la voz de tía Lila, tan buena, tan creída, la voz que dice por amor del Señor mis chiquilines, dejen tranquilo a ese sapito y vengan a rezar, ella hablando de un sapo y nosotros ya hemos usado como veinte.

Paren, penal, gritaron todos. Del penal del empate me acuerdo muy bien. Discutían a ver quién lo pateaba. Era un sapo grande, gordísimo, que no se quedaba quieto frente al arco mientras discutíamos. Lo ponían en su sitio y él siempre agarraba para el lado del arroyo. Al final lo pateó el Titilo, como siempre. Volvieron a poner el sapo en su sitio. Titilo lo miró, tomó carrera y se remordió en un tiro a media altura que no pude atajar desgraciadamente, mientras oía el grito de tía Lila como yéndose del mundo, cayendo en remolinos, mientras veíamos que su vestido blanco cambiaba rápidamente de color mientras oíamos su grito más bien suave, como si fueran señas de gritos, más bien lánguido, como si en vez de gritar estuviese diciendo qué han hecho mis queridos, no se olviden que Dios y el tío Jacinto los están mirando desde el cielo.

Gol, golazo, gritan Titilo y sus negritos, que se abrazan con el Beto. Yo me retuerzo de bronca en el suelo, muerdo el pasto. Dejarme meter el gol y además mancharle el vestido a tía Lila. Ahora ella va a pensar que no la queremos. El vestido tan blanco, tan bordado, tan puntillas, entre las dos mariposas ha reventado el sapo, a la altura del canesú alforzado del vestido de tía Lila pavo real y escarapela.

Es molestísimo rezar cuando se suda a mares. Sudando es imposible concentrarse en el retrato del tío Jacinto, alumbrado con velas. Rezamos mirando de vez en cuando a tía Lila, que llora en enaguas lavando su vestido en una palangana. Nunca sabremos si llora por su vestido o por el tío Jacinto. Titilo reza mirando el retrato, pero los ojos le relumbran de alegría. Yo rezo tratando de disimular la bronca que tengo todavía. Un poquito más y lo atajaba, le agarraba una pata, qué sé yo, lo echaba al córner. Si me estiraba un poco más ganábamos uno a cero. El tío Emilio que reza con nosotros como si contara melones o cabritos. La tía Lila, que al siguiente verano habíamos olvidado como al tío Jacinto porque después no volvimos a las sierras. La tía Lila creyendo en tantas cosas buenas. La tía Lila que dicen que nunca pudo sacar del todo las manchas de sangre que hicimos en su vestido blanco. La tía Lila sin saber que nosotros seguiríamos matando sapos.

DANIEL MOYANO
(Buenos Aires, 1930 – España, 1992)

FUENTE: BIBLIOTECA VIRTUAL CERVANTES, 2011.

Fútbol: tabú literario

Incluso en los setenta, según cuenta el madridista acérrimo Javier Marías en su artículo “Letras de fútbol” de 1995 (disponible en la recopilación ‘Salvajes y sentimentales’, recientemente ampliada por Alfaguara), “no había intelectual que se atreviera a confesar públicamente que le gustara el fútbol”, concebido como “una especie de opio laico del pueblo”, tal vez en herencia de aquel “pan y fútbol” de posguerra al que aluden tanto Manuel Vázquez Montalbán en sus artículos publicados póstumamente en ‘Fútbol. Una religión en busca de un Dios’ (Debate, 2005), como Julián García Candau en ‘Épica y lírica del fútbol’ (Alianza, 1996), otro de los pioneros en desvelar las complejas relaciones entre fútbol y sociedad.

Para constatar el apunte histórico, Marías recoge, divertido, una anécdota sobre un partido de la Real Sociedad en Chamartín; al evento acudieron diversas personalidades del mundo de la cultura, como el novelista Juan Benet, y todas ellas menos Juan García Hortelano (difundidor del revelador suceso) renegaron después del hecho de haber acudido a la cita futbolera y se excusaron públicamente por ello. No es baladí que también en este texto Marías subraye, por otros derroteros, que “[Julio] Llamazares reclamó para su equipo, la Cultural Deportiva Leonesa, el honor pionero de haber conciliado en su nombre dos cosas con fama de opuestos”.

Se sabe que el balompié fue denostado por el escritor británico Rudyard Kipling y el argentino Jorge Luis Borges, pero Javier Marías insiste especialmente (en los artículos “La recuperación semanal de la infancia” de 1992 y “Real Madrid Republicano” de 1998, incluidos en el ya citado ‘Salvajes y sentimentales’) en la aversión futbolera de su “buen amigo y mejor colega” el cubano (nacionalizado británico) Guillermo Cabrera Infante: “Cada vez que me oye hablar de él con naturalidad o ve que le dedico un artículo, me mira con su mirada más dinamitera y no se priva de afearme el mal gusto y la conducta irresponsable”, de alguna manera “apartándose por una vez de Nabokov, que fue guardameta en su exilio de Cambridge y hasta el final de su vida gustó de ver partidos por televisión”. Explica Marías los motivos que alegaba Cabrera Infante con el recuerdo de sus acaloradas declaraciones: “Ese juego nefasto incita a la violencia porque es violento en sí mismo: se juega con los pies, y pocos movimientos hay tan feroces como el que supone dar una patada”.

La sana afición al deporte (uno de los valores fomentados en la Residencia de Estudiantes como parte de su programa educativo integral) no fue ajena a la Generación del 27. Del vate santanderino Gerardo Diego caben ser recordados los versos de “Balón de fútbol”: “Un portero y un defensa/ dos medios, tres delanteros/ eso se llama la uve”. Y de Rafael Alberti evocar la famosa “Oda a Platko” (Santander, 20 de mayo de 1928), dedicada al portero húngaro del Fútbol Club Barcelona con ocasión del primero de los tres partidos que Barça y Real Sociedad disputaron en El Sardinero para dirimir la Copa del año 28: “… Camisetas azules y blancas, sobre el aire, camisetas reales/ contrarias, contra ti, volando y arrastrándote/ Platko, Platko lejano/ rubio Platko tronchado/ tigre ardiendo en la yerba de otro país/ ¡Tú, llave, Platko, tú, llave rota/ llave áurea caída ante el pórtico áureo!/ Volvió su espalda al cielo/ Camisetas azules y granas flamearon/ apagadas, sin viento…”

Esta composición del poeta gaditano despertó una automática reacción lírica en el forofo del equipo contrario, el poeta guipuzcoano Gabriel Celaya, quien le reprochó más de una vez tales estrofas: “porque siempre creyó que tenía que ganar la Real en aquellas tres finales disputadas en Santander en el año 1928”, y así de contundente lo expresó en su contestataria “Contraoda del poeta a la Real Sociedad”: “Y recuerdo también nuestra triple derrota/ en aquellos partidos frente al Barcelona/ que si nos ganó, no fue gracias a Platko/ sino por diez penaltis claros que nos robaron”.

En esos términos los cuenta Julián García Candau en el completo volumen ‘Épica y lírica del fútbol’, cuya ‘memoria histórica’ deportiva también recoge en contrapartida que el óbito de Celaya no pasó inadvertido en la Real Sociedad: el 20 de abril del año 1991, sábado después de la muerte del poeta. El equipo saltó al césped de San Mamés a jugar el ‘derbi’ vasco con brazaletes negros.

Julián García Candau también registra oportunamente la inmortalización que Miguel Hernández hizo del desconocido portero Lolo del Orihuela en su “Elegía del guardameta”: “Tu grillo, por tus labios promotores,/ de plata compostura/ árbitro, domador de jugadores,/ director de bravura,/ ¿no silbará la muerte por ventura?/ En el alpiste verde del sosiego,/ de tiza galonado, / para siempre quedó fuera del juego/ sampedro, el apostado/ en su puerta de cáñamo anudado…”

Y recupera con igual acierto, entre otros, un destacado hito futbolero de nuestras letras, referido a una curiosa aportación nacional al “esplendor” del lenguaje deportivo: en las páginas de ‘ABC’ del 16 de noviembre de 1948, el escritor y académico Wenceslao Fernández Flórez, que por entonces firmaba una sección en las páginas de Deportes titulada “Entre portería y portería”, acuñó el término “vicegol” para bautizar “al hecho de que una pelota pasara por encima o al lado de la puerta o bata en los largueros, sin ser gol, pero en inminencia de serlo”.

Maica Rivera. Revista ‘Leer’, nº 213, junio 2010
www.revistaleer.com
 
FUENTE DEL ARTÍCULO:
http://www.eltoledo.com/
LUIS CARDEÑA GALVEZ

El fútbol. Mitos, ritos y símbolos

(El fútbol. Mitos, ritos y símbolos. Alianza Editorial)

(El fútbol. Mitos, ritos y símbolos. Alianza Editorial)

Escribí hace años un libro sobre el fútbol (El fútbol: mitos, ritos, símbolos. Alianza Editorial) con la intención de tratar de explicarme por qué a los seguidores de un equipo nos influyen tanto sus victorias y sus derrotas. Ahora, durante el tiempo en que se ha celebrado este Mundial, no son sólo los seguidores de un equipo particular sino los patriotas apegados a la  selección nacional  han vivido  con  tanto énfasis su  éxitos o sus fracasos  que la magia de esa gran explosión y gran depresión queda todavía por entender. Yo escribí entonces y lo he hecho muchas veces más ofreciendo teorías de todo tipo pero llego al día de hoy en que todo lo dicho -por mí y por los demás-  me parece del todo insuficiente para dar cuenta de lo que verdaderamente pasa.
Lo que pasa es tan exageradamente emocional y colectivo, contagioso y simbólico, que la vida, el mundo toma un aspecto u otro si  gana o pierde el equipo. Y no sólo el mundo exterior se altera violentamente sino la vida interior, la creencia en el destino personal y todo eso.
De los maltratos a niños, mujeres, ancianos o animales tiene responsabilidad el fútbol, de las actitudes afectivas bondadosas y altruistas  tiene responsabilidad el fútbol. Ser un apasionado seguidor de un equipo (no un simple aficionado) es equivalente a sumergirse en una atmósfera emocional de reacciones extremas. Y no se diga ya cuando esa integración  se potencia con el nacionalismo salvaje.
Ha terminado el Mundial y todo regresa casi de golpe a lo que era. Simplemente, los partidos han cesado y con su ausencia reaparece una cotidianidad demasiado mediocre, mala o buena, más bien mala que buena y, encima, experimentándola a solas, sin el clamor del estadio, las calles, los campos, las azoteas, el corazón multiplicado por millones de corazones multiplicados.

Vicente Verdú
Fuente: El boomeran (g). 28 de julio de 2010.

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