Cuéntame un gol

Cuentos de fútbol

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Reseña ¿Cuentos de fútbol?

La vida que pensamos (Alfaguara, 2014) está disponible en tiendas en formato físico e ebook. Páginas: 336 páginas Precio: 18,00 euros Ebook: 9,99 euros

La vida que pensamos (Alfaguara, 2014) está disponible en tiendas en formato físico e ebook.
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Precio: 18,00 euros
Ebook: 9,99 euros

Hace casi veinte años, mientras trabajaba en una oficina en la que odiaba a mis jefes, a mi trabajo y al universo en general, escuché por la radio una rápida entrevista que le hacían a un jugador de fútbol de la selección nacional. El muchacho llegaba desde Europa, convocado para jugar un partido de eliminatorias para el mundial de Francia. Mientras tecleaba en el ordenador, me asaltó una imagen o una pregunta con forma de imagen. ¿Qué pasaría si ese muchacho exitoso, millonario y rutilante, en lugar de ser convocado por el entrenador de la selección, fuese llamado por sus amigos de la infancia para enfrentar el desafío anual en el que son derrotados, una y otra vez, desde que este buen muchacho se fue a jugar a Europa?

Subrepticiamente, mirando sobre el hombro de vez en cuando para que mis jefes no me descubrieran, escribí en unas horas el que sería mi primer cuento de fútbol, y le puse como título Esperándolo a Tito.

Tiempo después, y mientras seguía odiando con idéntica pertinacia a mis jefes y a mis tareas, me asaltó otra imagen: dos hermanos juegan un partido clave en una liga paupérrima de pueblo. En el peor momento de una derrota inminente, se miran a los ojos y entienden lo que tienen que hacer para torcer la marcha fatal del mundo. Y así nació mi segundo cuento de fútbol, De chilena.

Para entonces, en Radio Continental de Buenos Aires existía un programa los sábados en la tarde que intentaba unir el fútbol con la música, el cine y la literatura. El periodista que lo conducía leía algunos de los muy buenos y muy pocos cuentos futboleros que existían. Un puñado de textos de Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano. Alguna perla de Mario Benedetti. Me atreví a enviárselos y así empezó mi carrera como escritor.

Descubrí que inventar ficciones me aligeraba el espíritu. Y que a veces el fútbol, como terreno amigable y conocido, me servía como escenario para situar a mis personajes. No soporto a los publicistas del fútbol. Esos que, amparados en rótulos fáciles como “la pasión”, el “amor incondicional” y cosas así, pretenden hacernos creer que el fútbol es una manifestación maravillosa, pura e ingenua del alma humana. El ámbito propicio para el desenvolvimiento de la ética y la estética de lo más hermoso del hombre.

Juego al fútbol, miro fútbol y considero que al mismo tiempo el fútbol puede ser el escenario de las actitudes más atroces, más reaccionarias, más burdas y desagradables.

Cuando jugamos al fútbol nos exhibimos abiertamente. Dejamos aflorar lo que somos, en lo más profundo. Lo mismo nos sucede cuando vemos jugar al equipo que amamos. Lo hacemos sin mediaciones, sin disimulos, sin disfraces. Y eso lo convierte en una oportunidad literaria interesantísima.

Si existe algo de valor en los cuentos que se sirven del fútbol para organizar escenarios es que, a partir de esa superficie conocida, cotidiana y en principio predecible, autores y lectores tienen la chance de remontarse hacia las cuestiones que animan toda literatura. El amor, el dolor, la esperanza, la pérdida, el amor, la soledad, la muerte, los sueños, la derrota. Esos temas últimos, definitivos, que hacen de nuestras vidas lo que son y lo que no son, pueden aflorar directa o tangencialmente en los libros que leemos.

Como autor, me encanta encontrarme con lectores que se acercan a decirme que el fútbol les gusta mucho y que estos cuentos de fútbol les han resultado gratos. Pero mucho más disfruto cuando se acerca alguien a decirme que odia el fútbol y que, sin embargo, estos cuentos les han sido significativos. Como si el arduo trabajo adicional de perforar el prejuicio volviese más luminoso el hallazgo final de una complicidad entre autor y lector.

Un modo de leer este libro es situarse en sus tramas, las cuales, de más cerca o de más lejos, se rozan con el fútbol. Otro modo es aproximarse a estas historias pensando en los amores, las traiciones, las esperas, las deudas, las revanchas, las decadencias, las herencias, las compensaciones, los desafíos y las reparaciones que esas historias dejan entrever. Más acá, o más allá del fútbol.

Espero que los lectores encuentren placentero caminar ese segundo sendero.

Fuente:http://www.huffingtonpost.es. 15.06.2014

La infanta Elena con Cuéntame un gol

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Inauguración de la Feria del Libro de Madrid. 3o de mayo de 2014. Caseta 329, Editorial Verbum. Luis Rafael, Director editorial, hace entrega de un ejemplar de la antología CUÉNTAME UN GOL. CUENTOS DE FÚTBOL (Prólogo de Marcos López de RTVE), a la Infanta Elena.

Valdano y el canon albiceleste (Maica Rivera)

Cuentos de fútbol (Alfaguara, 1995)

Cuentos de fútbol (Alfaguara, 1995)

Dejó escrito Vázquez Montalbán en las irónicas e inteligentes reflexiones aunadas en ‘Fútbol. Una religión en busca de un Dios’, que “gracias a los argentinos, el fútbol tiene Literatura y Filosofía, aunque a veces obtengan la colaboración de grandes escritores uruguayos como Benedetti o Galeano”. En este sentido, elogió los ‘Cuentos de fútbol’ (Alfaguara, 1995) publicados en España por Jorge Valdano contando con “autores de envergadura”, entre los que quiso mencionar a Bernardo Atxaga, Javier Marías, Bryce Echenique, Miguel Delibes, Eduardo Galeano, Augusto Roa Bastos, Mario Benedetti, Juan García Hortelano y Osvaldo Soriano, “por citar unas cuantas flores de un ramillete de Literatura con mayúscula”, y de cuya lectura dedujo que el fútbol había desempeñado una función importante en la educación sentimental de escritores latinoamericanos y españoles, pero que eran los latinoamericanos quienes más lejos habían llevado la relación fútbol-literatura”.

Director general del Real Madrid y encarnación más popular en España de lo dicho por Vázquez Montalbán de los argentinos como adaptadores del fútbol al territorio literario, Valdano explica que aquél fue un proyecto editorial de “éxito inesperado. Parecía extravagante la temática en aquel entonces, no había muchos escritores que hubieran puesto el fútbol en el centro de su reflexión y la mayor parte de los relatos fueron realizados por encargo. A aquel libro le siguieron los ‘Cuentos de fútbol 2’ (Alfaguara, 1998) con aportaciones como la de Francisco Umbral con ‘El saque de Cela”.

Valdano considera que fue precisamente Vázquez Montalbán “el primer escritor español que ayudó a eliminar los prejuicios entre el mundo literario y el del esférico, así como Juan Villoro lo hizo en México, Roberto Fontanarrosa en Argentina o Mario Benedetti en Uruguay. Él escribió unos artículos maravillosos en la revista ‘Triunfo’, cuando yo los leí al llegar a España el fútbol empezó a revelar para mí otra profundidad”.

Valdano confirma la incompatibilidad de caracteres demostrada tradicionalmente entre letras y balompié. “La misma desconfianza que el intelectual manifestaba antes hacia el mundo del fútbol la mostraba recíprocamente el mundo del fútbol hacia los intelectuales. Era dos universos rivales que se daban claramente la espalda”, como demuestra una reveladora anécdota de sus tiempos de jugador, cuando “un entrenador me prohibía leer en las concentraciones porque reía que eso me distraía. Durante siglos hicimos todo lo posible para ir alejándonos del ideal griego que intentaba armonizar cuerpo y mente”.

La dinámica que provocaba que escribir sobre el tema futbolístico sonara extraño y vergonzante “se empezó a romper”, asegura Valdano, “a finales del siglo pasado, y hoy, sin embargo, este hecho resulta más normal”, hasta el punto de que tal vez se corra ahora el riesgo contrario: el de una excesiva ‘intelectualización’ a través de las literaturas del balompié en un proceso que iría en contra de “la naturaleza emotiva del deporte en sí”.

Sobre los intelectuales que han desafiado abiertamente al fútbol, Valdano declara: “Tengo un libro dedicado por Gabriel García Márquez en el que me agradece un gol que marqué a Colombia porque contribuyó a la eliminación de la selección colombiana del Mundial de México, ya que entendía que su clasificación hubiese supuesto que lo hubiesen agobiado con un exceso de información futbolística”. Y, por supuesto, menciona a su compatriota Borges, quien “nunca entendió cómo una sociedad que había empezado jugando al ajedrez había terminado jugando al fútbol: lo veía como un claro signo de decadencia social”, y que encarnó como nadie el clásico desafío intelectual al fútbol con iniciativas como la de “organizar una conferencia sobre la inmortalidad a la misma hora que tenía lugar el debut argentino en el Mundial del 78”.

“Escribir ficción sobre fútbol”, concluye Valdano con un último apunte que parece precisamente un guiño a Borges, “es meter un juego en otro juego y eso presenta muchas dificultades: el fútbol es un misterio y resulta muy complejo recrearlo verdaderamente como tal sobre el papel”.

Maica Rivera. Revista ‘Leer’, nº 213, junio 2010
www.revistaleer.com
 
FUENTE DEL ARTÍCULO:
http://www.eltoledo.com/
LUIS CARDEÑA GALVEZ

Salvajes y sentimentales

Salvajes y sentimentales, Javier Marías (Aguilar, 2000)

Salvajes y sentimentales, Javier Marías (Aguilar, 2000)

En el prólogo a Salvajes y sentimentales, Paul Ingendaay opina con acierto que Javier Marías ha escrito el más personal de sus libros. No podía ser de otro modo para alguien que ve el fútbol como “la recuperación semanal de la infancia”. Salvajes y sentimentales reúne 40 momentos de militancia futbolística en los que no priva otra objetividad que la pasión. En esta vibrante bitácora, los diagramas tácticos de los entrenadores resultarían tan absurdos como un plano para anudarse la corbata. Marías no pretende analizar una actividad que mucho tiene de milagro: “Mientras veía el partido no era capaz de ecuanimidad alguna”. Si los técnicos de vocación retórica (Menotti, Helenio Herrera) sueltan abstractos filosofemas sobre los modos de patear balones, los escritores curtidos en las canchas y en las tribunas ven el fútbol como una lección de vida cotidiana. De acuerdo con Bioy Casares, la mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad es ser hincha de un club perdedor. Cada equipo conlleva un destino: los masoquistas de látigo afilado escogen escuadras que en los malos días sólo pierden 7 a 0 y los que desean domingos fáciles apoyan oncenas de rutinario poderío. Forofo del Real Madrid, Marías registra sus días de corazón tan blanco y la peculiar noción de triunfo de una tribu que ha hecho de la victoria una sufrida obligación. Aunque también se ocupa de dos mundiales y del Numancia, equipo entrañable, semiperdido en el silencio y el frío de Soria, Salvajes y sentimentales pone énfasis en el temple madridista y la terrible y apasionada condena de ganar siempre y, de preferencias, contra el demonio vestido de blaugrana. La pieza maestra de este prontuario del fervor futbolístico, El equipo más dramático, rinde homenaje al archivillano que nutre la furia merengue: “Para el aficionado español al fútbol, nada hay comparable a ver saltar a los dos equipos, siempre con sus primeros uniformes, a Chamartín o al Camp Nou; y en cuanto el balón se pone en juego, tenerle pavor al otro cada vez que avanza, y sentir a los contrarios peligrosos y malvados, y disfrutar también con ese miedo, con la amenaza de la humillación y el desastre, tanto como con la promesa de triunfos inolvidables. Qué sería de nosotros sin ese castigo y ese premio posibles, sin esa horrible incertidumbre. Así pues, y lo digo de veras porque lo digo con puerilidad y egoísmo: larga, larga, larga vida al Barça”. ¡Pocas cosas tan difíciles como merecer un enemigo emocionante y duradero! En su vertiente de cronista, Marías escribe las frases cadenciosas que componen el tejido musical de sus novelas, pero de protno inventa una pausa, amaga un lance, da con una salida imprevista. Aunque por azar también lo sea en la vida, desde el punto de vista futbolístico es definitivamente zurdo. Su estilo es el de esos jugadores que corren en el último rincón del campo, los hombres salidos del espejo que lanzan tiros al revés que muchas veces son goles. El sistema de consonancias del novelista de Todas las almas cede un poco a la improvisación y al gusto por el vértigo de los desaforados que hacen equilibrio en la línea de cal. En este juego no valen los obreros zurdos; a los virtuosos del pie izquierdo se les exige el pase inopinado, la centella rápida y torcida. Fiel a este código, Marías desdeña las jugadas fáciles y sólo acepta las difíciles; adormece el balón, cuida la frase, y cuando encuentra el hueco, suelta el epigrama sorpresivo: “El Madrid hace tiempo que no es un equipo ingenuo, y por ello no merece ser destacado”, “una fuerza de choque semiaérea, cuando es justamente en el semiaire donde no sólo no se ganan, sino que ni siquiera se libran batallas”, “un sujeto con perilla es un villano o como mucho un psiquiatra”.
En 1998, cuando una portería del Santiago Bernabéu se vino abajo, Jorge Valdano propuso que el partido continuara marcando la meta con ropas, como en el patio del colegio. De nueva cuenta, reveló el sentido secreto del fútbol: la posibilidad de infancia que entraña a pesar de todas las manipulaciones de que es objeto.
“Tenemos de genios lo que conservamos de niños”, escribe Baudelaire. Salvajes y sentimentales vuelve a la edad donde los heróes son posibles. Un libro épico y, en el más alto de los sentidos, infantil. El caprichoso prodigio de un jugador zurdo.

FUENTE: JUAN VILLORO (EL PAIS, BABELIA 8 DE JULIO DE 2000)

 

La barrera

Un paso más atrás. Dos más atrás. Tres. Ahí está bien. Ya está la barrera formada. Una baldosa más acá. Un momento. Ante todo, sacar las cosas del arco. Hay botellas debajo de la pileta. Ya la otra vez cagó una. Y dos sifones. El blindado no es nada, pero el otro puede reventar, y los sifones revientan y los pedacitos de vidrio saltan y se meten en los ojos de uno. Bien juntas las macetas de la barrera. El arquero muy nervioso. Miguel Tornino frente al balón. Atención. El rubio Miguel Tornino frente al balón. Una mano en la cintura. La otra también. La mano sacándose el pelo de la frente. La transpiración de la frente. De los ojos. Hay silencio en el estadio. Es la siesta. Hasta el Negro se ha quedado quieto. Resignado a ser simple espectador de ese tiro libre de carácter directo que ya tiene como seguro ejecutor a Miguel Tornino, que estudia con los ojos entrecerrados el ángulo de tiro, el hueco que le deja la barrera, la luz que atisba entre la pierna derecha del recio mediovolante de la visita y la pata de portland de la maceta grandota del culantrillo. Un solo grito en el estadio: Miguel, Miguel. El público de pie ante ésta, la última oportunidad del Racing Club cuando sólo faltan dos minutos para que finalice el match. Habrá que apurarse antes de que vuelva a adelantarse la barrera o el Negro insista en morder la pelota y hacerla cagar como el otro día que la pinchó el muy boludo. Sonó el silbato. Habrá que pegarle de chanfle interno. La cara interna del pie diestro de Miguel Tornino, el pibe de las inferiores debutante hoy le dará al balón casi de costado, tal vez de abajo, con no mucha fuerza pero sí con satánica precisión para que ese fulbo describa una rara comba sobre la cabeza de los asombrados defensores, sobre el despeinado pirincho del helecho de la segunda maceta y se cuele entre el travesaño, el poste, el postrer manotazo de la lata de aceite Cocinero que se ha lucido hasta el momento. ¡Tiró Tornino…! y… se hizo mimbre en el aire el arquero ante el latigazo insólito de curva inesperada y con la punta de los dos dedos allá voló la lata a la mierda, carajo que ladra el Negro, sí mamá… sí la guardo… está bien… pero mirá vos cómo la viene a sacar este guacho.

Roberto el Negro Fontanarrosa (1944-2007).

Aquel santo día en Madrid

Cuando supe que mi astronave bordearía el planeta Tierra en su viaje de retorno al nuestro, le sugerí al jefe de la expedición la conveniencia de aprovechar la oportunidad para que yo pusiese al día nuestros conocimientos acerca del sentimiento religioso en las zonas terrícolas más adelantadas. La última investigación disponible databa de años atrás, a raíz del concilio ecuménico que se esforzó por modernizar la Iglesia católica y, a la vista de posteriores noticias, la situación había variado bastante por ciertas reformas vaticanas susceptibles de afectar a nuestras intenciones expansivas en la Tierra. Tratándose de catolicismo, y dada la excesiva densidad de la contaminada atmósfera terrestre, que nos impide permanecer en ella más de un día sin equipo adecuado, lo más razonable para mi proyecto era detener la nave en la frontera gravitatoria sobre la vertical de España. Elegir este país resultaba obvio por dos motivos. Primero, porque es bien conocido como máxima encarnación nacional del catolicismo más acendrado y ortodoxo; hasta el punto de que cuando el mencionado concilio recomendaba acabar con intolerancias seculares, el Gobierno español de entonces seguía prohibiendo la libertad religiosa alegando que todos los españoles son católicos de nacimiento y no necesitan otra fe. Segundo, porque posteriormente se ha iniciado en el país una transición política cuyas repercusiones sobre la religiosidad importa conocer como dato para nuestra estrategia futura, pues, no es lo mismo presentarse en la Tierra como colaboradores científicos que montar una aparición mesiánica capaz de asegurar el control ideológico sobre mentes propicias.

Lo que convenció a mi jefe fue que para mis observaciones bastarían pocas horas, pues nuestro acercamiento al planeta coincidía con el día santo de la semana, allí llamado domingo, y el mero comportamiento de las masas populares acudiendo la los templos y practicando el culto permitiría por sí solo actualizar el índice de religiosidad. Así es como aquel domingo terrestre emprendí mi regreso a la Tierra, esquivando los toscos satélites artificiales que los atrasados terrícolas desparraman por su espacio como las latas y botellas vacías de sus playas. ¡Bien ajeno estaba yo en aquellos momentos a la sorpresa del cambio cuyas primicias informativas tengo el honor de someter a nuestras autoridades mediante la presente Memoria?

La verdad es que mi primera impresión, sobrevolando ya la capital, fue más bien confirmar lo que sabíamos, es decir, la intensa religiosidad colectiva, pues mis sensores psicosociales captaban fuertes ondas convergentes orientadas hacia un punto concreto de la ciudad. Hacia esa orientación atendían las mentes ciudadanas en su mayoría, bien meditando sobre el culto, bien preparándose con la lectura de Prensa especializada o cambiando impresiones sobre los actos del santo día. Ya veía yo a los más impacientes empezando a provocar embotellamientos en las calles conducentes al foco de convergencia, sin duda el templo principal. Desde los barrios más lejanos acudían arroyuelos humanos a sumarse en las bocas del metro o llenando autobuses y coches particulares. La creciente ionización psicológica del ambiente daba a entender que se acercaba la hora y para mí no podía existir duda de que aquellas masas, olvidando toda otra preocupación en su día sagrado, no podían concentrarse más que para una sola cosa: la celebración del culto nacional.

Mezclado con la multitud llegué al templo y me quedé estupefacto ante una arquitectura muy diferente de la conocida. Pero aún fue mayor la sorpresa en el interior, donde nada recordaba la liturgia de siempre: ni naves, ni retablos ni altares, sino un inmenso graderío al aire libre, rodeando un gran espacio rectangular cubierto de césped. En suma, algo más parecido a un circo romano que a una iglesia tradicional.

En vano procuré distinguir los consabidos símbolos del cristianismo, pues, aparte una abundante publicidad comercial (tan incompatible con la evangélica expulsión de los mercaderes del templo), los únicos objetos al parecer rituales eran tres maderos ensamblados entre sí y situados en cada uno de los lados menores del rectángulo. Dos postes verticales, algo más altos que un hombre, y un travesaño más largo colocado horizontalmente sobre ellos. Curiosamente, una red sujeta a los maderos parecía cerrar por detrás aquella especie de puertas.

Yo no sabía qué pensar. Por una parte, no podía dudar de que me encontraba ante una ceremonia religiosa, pues no podía tener otro objeto semejante reunión del pueblo en el día santo de una ciudad tan fervorosamente católica. Pero, por otra, ¿era posible tan radical transformación del culto en los pocos años de la transición … ? En esas dudas estaba cuando el clamor de los fieles que abarrotaban el graderío atrajeron mi atención hacia el comienzo del culto.

Unos personajes, sin duda los sacerdotes, emergieron del seno de la tierra por una salida en rampa y avanzaron, en hilera, a grandes saltos elásticos, hasta el centro del campo. Me sorprendió ante todo su juventud, pues yo esperaba, lógicamente, fa aparición de alguna venerable barba. En cuanto a sus ropajes ceremoniales, no eran menos insólitos que lo demás: vestían todos pantalón corto y calzaban fuertes botas. Las túnicas o camisetas diferían en el color: conté hasta 11 oficiantes cubiertos de blanco -símbolo seguramente de pureza, o al menos así era antes en la Tierra-, mientras otros 11 la llevaban de rojo oscuro, sin duda con un significado maligno, a juzgar por los gritos hostiles de la mayoría de los fieles, muy en contraste con la aclamación tributada al aparecer los 11 blancos. Tras esos 22 celebrantes emergieron otros tres, vestidos con chaquetas negras y provistos, dos de ellos, de sendas banderolas. El tercero portaba reverentemente lo que después se me reveló como el objeto fundamental del culto; a saber, una esfera al parecer de cuero y de algo más de un palmo de diámetro.

Los altavoces emitieron sonidos musicales, seguramente himnos religiosos. Se hicieron fotografías de los grupos formados por los 11 sacerdotes de cada color, que al punto se dispersaron por el campo, y se cruzaron secretas palabras litúrgicas entre un celebrante de cada bando, en presencia del portador de la esfera. Este último la depositó cuidadosamente en el suelo, ocupando el centro matemático del espacio sagrado, y extrajo de su bolsillo un argénteo silbato cuya aguda nota, rompiendo el religioso silencio de la muchedumbre, dio la señal para el comienzo del rito.

No voy a describirlo en sus detalles porque es mucho más importante el significado, que no me fue dificil interpretar, a pesar de no comprender algunos gritos de los fieles ni ciertas fases de la ceremonia, prolongada durante dos lapsos de tres cuartos de hora terrestre cada uno, con un intervalo, sin duda prescrito para la meditación, pero que más bien aprovechó la gente para relajarse bulliciosamente. En todo caso, lo esencial de la ceremonia es la constante pugna entre los dos bandos sacerdotales -los puros y los oscuros- para llevar la esfera -de cuero hacia el pórtico del bando opuesto, y lo curioso es que ese objetivo ha de lograrse únicamente mediante hábiles golpes de los pies. En todo ello participan desde el graderío los fieles tremolando banderas con los dos colores enfrentados, gritando jubilosamente el nombre de la capital española, profiriendo imprecaciones imposibles de hallar en los diccionarios e incluso -llevados de su ciego arrebato- lanzando imprudentes ofrendas de latas o botellas y otros objetos arrojadizos. Ciertamente, los españoles podrán haber cambiado de religión, pero no del apasionamiento con que la profesan.

La significación del rito descrito es transparente para cualquiera que haya estudiado algo las distintas religiones terrestres. Obviamente, la esfera sagrada encama la bola del mundo, y el esfuerzo de los oficiantes, impulsándola en opuestas direcciones dentro del rectángulo cósmico, escenifica simbólicamente la lucha entre la fuerza del Bien y del Mal, correspon-dientes a los dos colores de las vestiduras. La reiterada invocación a Madrid por los espectadores, animando a los sacerdotes blancos, puede ser supervivencia de un antiguo culto local, así como las redes que retienen la esfera cuando falla el guardián de la puerta son quizá reminiscencia del oficio del pescador ejercido por el apóstol Pedro en el relato evangélico. Pero esos restos del pasado no deben inducirnos a error. La religión hispánica actual supone una revolucionaria transformación del catolicismo hasta casi hacerlo irreconocible, pues adopta una orientación geocéntrica, más interesada en glorificar las secretas fuerzas de la naturaleza que en cultivar la vida del espíritu o las virtudes ascéticas: nada más lejos del espíritu y la ascesis que la jaranera catarsis de los fieles durante la ceremonia.

Ese culto telúrico explica muchos aspectos del rito. Por eso los sacerdotes emergen desde una cavidad subterránea; por eso ofician con el pie, que es la parte del cuerpo en contacto permanente con la tierra. En cambio tocar la esfera con la mano constituye un pecado castigado en el acto, previo un toque del silbato ritual; instrumento, por cierto, con muchos precedentes míticos, desde la siringa del dios Pan y el ney de los derviches danzantes hasta el flautista de Hammelin.

Ese fuerte componente naturalista de la nueva religión no ha de desdeñarse como un atrasado primitivismo, sino que, por el contrario, revela una aguda comprensión del alma humana, basada seguramente en los progresos terrestres del psicoanálisis. Así se explica el rasgo más desconcertante del culto, pues a primera vista parecería aberrante el empeño de los sacerdotes del Bien en llevar la esfera simbólica hacia las redes del Mal. Ciertamente, una religión más antigua e ingenua prescribiría llevar el mundo hacia la propia puerta del Bien, pero tras 2.000 años de experiencia los hombres saben que -salvo casos aislados de santidad- esa buena intención directa no conduce a los deseados fines de amar a los enemigos o desdeñar las riquezas temporales. En cambio, los psicólogos modernos conocen bien la mayor eficacia de las vías indirectas y se aproximan al taoísmo, que, para lograr un fin dado, recomienda perseguir el opuesto. Resultado avalado por la experiencia, como en el caso de los jóvenes rebeldes que acaban integrándose mayoritariamente en su odiada sociedad como ciudadanos bienpensantes, o en el de quienes empiezan siendo revolucionarios para mejor conseguir una cartera ministerial. Así ocurre en la nueva religión hispánica, cuyo camino hacia el Bien pasa por la puerta del Mal, ateniéndose sin duda a la famosa creencia de sus economistas, que esperan alcanzar el bienestar colectivo si cada individuo se comporta con el más agresivo egoísmo. Por eso, los sacerdotes blancos impulsan el mundo hacia la puerta oscura, sabiendo de sobra que, apenas caiga en aquella red, el maestro de ceremonias hará sonar su silbato sagrado y la esfera volverá a su centro, donde se sitúa el perfecto equilibrio humano, entre la luz y la tiniebla.

Queda por explicar el importante problema de cómo ha sido posible tan extremado cambio de la fe religiosa durante una transición de solamente pocos años. La cuestión exige estudios cuidadosos, por la luz que puede arrojar sobre los procesos evolutivos de la sociedad, pero entre tanto el hecho queda en pie, aunque subsistan manifestaciones residuales del pasado en forma de alguna asistencia minoritaria -sobre todo de ancianos- a los antiguos templos, como yo mismo pude observar, y aunque en el país se siga reiterando oficialmente la vigencia del culto tradicional: como es sabido, siempre existe un desfase entre la verdad. oficial de cualquiuer parte y la realidad del momento.

En definitiva, el culto hispánico anterior ha cedido el paso a esta nueva fe naturalista, en la que verdaderamente se vuelca el actual sentimiento religioso de los españoles, hasta el extremo de que, según conversaciones captadas a mi alrededor en el campo, no sólo el domingo es sagrado a la ceremonia, sino que entre semana muchos fieles se dedican piadosamente a llenar de cruces unos impresos especiales, ignoro si como nueva forma de oración o como público examen de conciencia y confesión de pecados cometidos.

En conclusión, y para el caso de decidirse a actuar en la Tierra, mi descubrimiento permite afirmar que el enfoque mesiánicos sería ineficaz, al no despertar apenas interés en un pueblo evidentemente desentendido de la vida del espíritu. Sólo cabría intentarlo -y aun así desconfío de los resultados- renunciando a individualizar el enfoque y ofreciendo en cambio un mesías colegiado, es decir, un equipo de 11 especialistas del puntapié, capaces de asegurar el triunfo en los cultos internacionales.

La táctica acertada sólo puede ser la de presentar nuestro futuro control en forma de una colaboración científica, encaminada a potenciar al máximo los recursos naturales y las fuerzas del planeta. Llevado hábilmente, ese fecundo, planteamiento podría incluso resultar aceptable para la iglesia tradicional, dado que en sus más recientes deliberaciones parece primar también el interés de sus jerarquías por problemas materiales -biológicos, económicos y sociales-, considerados antaflo menos importantes que las cuestiones dogmáticas.

Pero cualquier decisión excede del propósito de esta Memoria, limitada a informar verazmente acerca de las actuales creencias en uno de los países terrícolas adelantados, y con ese descubrimiento queda de sobra justificado mi breve descenso de aquel santo día en Madrid.

 José Luis Sampedro (Diario El País. 17 de abril de 1987). Posteriormente publicado en Cuentos de Fútbol (Alfaguara, 1995).

Fuente: http://elpais.com/diario/1987/04/17/opinion/545608808_850215.html

Concurso de relatos “Cuentos de fútbol” Editorial Verbum

Convocatoria al Concurso de Relatos “Cuentos de fútbol”, de Editorial Verbum

BASES

1º  La Editorial Verbum convoca al Concurso de Relatos “Cuentos de fútbol”,  en el que podrán participar todos los autores españoles e hispanoamericanos, cuyas obras, escritas en castellano, sean inéditas y no hayan sido premiadas en otros certámenes.

2º  Los relatos deberán tener alguna relación temática, de asunto, ambiente o personaje, con el fútbol, con absoluta libertad en su tratamiento, y con una extensión mínima de 4 páginas y máxima de 6 páginas, en folio A4, a doble espacio, por una sola cara, cuartillas de 30 líneas y 60 caracteres por línea. Las obras se presentarán por correo electrónico en un mismo archivo la ficha del autor y el cuento.

3º  No se admitirán relatos presentados bajo seudónimo.

4º  El premio consistirá en la publicación del cuento en una antología patrocinada por la Editorial Verbum de Madrid.

5º  El plazo de presentación de los trabajos comenzará a partir del día siguiente de la publicación de las bases y finalizará el día 31 de enero de 2014. Los cuentos serán enviados al correo electrónico: editorialverbum@gmail.com, consignando en el asunto: Concurso de Relatos “Cuentos de fútbol”.

6º  El Jurado estará integrado por cuatro escritores de reconocido prestigio y un representante de Editorial Verbum.

7º  El fallo se hará público durante el mes de febrero de 2014 y los autores seleccionados, si residen en España, participarán en el lanzamiento de la antología, previsto para el mes de abril de 2014.

8º  Los originales no premiados serán destruidos. Solo los autores seleccionados para la antología recibirán respuesta de la Editorial, con la cual firmarán contrato de edición.

Fuente: http://www.verbumeditorial.com/es/

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