Cuéntame un gol

Cuentos de fútbol

Los talentos

Desprecio este deporte y a las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan. JOSEPH RUDYARD KIPLING- Nobel de literatura 1907.

Lo que más sé, acerca de la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. ALBERT CAMUS- Nobel de literatura 1957.

Y entonces resolví asistir al estadio. Como era un encuentro más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. Nobel de literatura 1982.

El culto al as del balompié dura lo que su talento futbolístico, se desvanece con este. Es efímero, pues las estrellas de fútbol se queman pronto en el fuego verde de los estadios y los cultores de esta religión son implacables: en las tribunas nada está más cerca de la ovación que los silbidos. MARIO VARGAS LLOSA- Nobel de literatura 2010.

Que raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol. El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra. JORGE LUIS BORGES.

Cada vez hay más cuentos y novelas sobre la actividad, y las editoriales ven un mercado redituable; la sensación es que el deporte más popular del país, tantas veces criticado por los sectores ilustrados, logró liberarse de los prejuicios y ahora también está de moda en el mundo de los intelectuales. ROBERTO FONTANARROSA.

–Bien, pibe –me dijo–. Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí. OSVALDO SORIANO.

De todos los deportes que practiqué en Cambridge, el fútbol ha seguido siendo un ventoso claro en mitad de un periodo notablemente confuso. VLADIMIR NABOKOV.

En un ciclo posterior de fútbol soñado, siempre jugué de guardameta o golero o portero o goalkeeper o arquero. Cuántos nombres para una sola calamidad. MARIO BENEDETTI

Todos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo. Yo quise ser jugador de fútbol como todos los niños uruguayos. Jugaba de ocho y me fue muy mal porque siempre fui un “pata dura” terrible. La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido. También era un desastre en otro sentido: cuando los rivales hacían una linda jugada yo iba y los felicitaba, lo cual es un pecadoimperdonable para las reglas del fútbol moderno. EDUARDO GALEANO.

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